El cólera nómada

Cólera y hacinamiento humano son dos conceptos que parecen estar íntimamente vinculados: enclaves urbanos, campos de refugiados o  asentamientos temporales de emergencia son el terreno propicio para la propagación de la epidemia. Pero en Chad, además, el cólera se mueve de forma aislada, incubándose en el cuerpo de los  nómadas que se desplazan de una región a otra. En este contexto, las malas condiciones higiénicas, la insalubridad del agua y la falta de conocimientos sobre la transmisión de la enfermedad dificultan enormemente el control de la epidemia.

Mohammat Gana Ali tiene 11 años y desde hace dos días yace en la cama del Centro de Tratamiento del Cólera (CTC) de Chikutalia, una localidad rodeada de dunas y marismas desecadas donde se han congregado decenas de grupos nómadas para recolectar el maíz.

Es noviembre y urge terminar la  cosecha, ya que quedan pocos días antes de que las aguas cubran de nuevo toda la región del Lago Chad. Es esta premura la que ha acelerado en las últimas semanas la propagación de la enfermedad en la zona, una de las más afectadas por la epidemia de cólera que desde finales de agosto está azotando Chad, país donde ya se ha cobrado más de 160 víctimas y 5.600 contagios.

Mohammat viaja con su Marabou – líder de una escuela coránica – y otros 20 niños, de un pólder a otro, apostándose para dormir alrededor de los campos de cosecha, donde tratarán de conseguir algo de comida y agua entre los demás nómadas instalados temporalmente en la zona.

Pero la comida es escasa y el agua, un bien raro que proviene de algún pozo insalubre en el que se avituallan tanto personas como ganado. Mohammat sólo puede beber el agua que encuentra por el camino, defecar al aire libre y pocas veces puede lavarse las manos. Tampoco sabe qué es el cólera y qué lo provoca.

Esta vez, le ha tocado aprenderlo en su propio cuerpo. Incubó silenciosamente la bacteria durante unos 4 días, los suficientes para que él y sus compañeros ya hubieran salido del pólder donde cosechaban – lugar en el que se han registrado ya más de 10 infecciones -  y se hubieran instalado en los alrededores de Mondowa, una pequeña comunidad en la zona de intervención de Oxfam.

Para Mohammat este traslado resultó ser providencial. Cuando se desplomó, los habitantes de la aldea alertaron inmediatamente a la ambulancia, tal y como les habían recomendado que hicieran los equipos de sensibilización de Oxfam que estuvieron trabajando en la zona unos días antes.

“Cada caso que ingresa en el CTC nos da pistas sobre la posible ubicación del foco de contagio de la epidemia” explica Mohammat Tidjani, el enfermero responsable del CTC de Chikutalia. Y es ahí dónde acuden rápidamente los equipos de desinfección y sensibilización de Oxfam, en una lucha contrarreloj para erradicar la bacteria.

“Lo más urgente es desinfectar el lugar donde ha caído el enfermo, alertar a los familiares y vecinos sobre el peligro de la propagación y distribuirles jabón y lejía para que los incorporen en sus hábitos de higiene de forma inmediata” explica Charles Mampasu responsable de la respuesta de Oxfam a la emergencia del cólera en Chad.

Pero este proceso, estándar en las demás intervenciones que la organización está llevando a cabo en el país, se convierte en una ardua tarea entre la población nómada. “Los nómadas se mueven y a través de ellos la bacteria viaja de un enclave a otro, haciendo muy difícil y mucho más larga su erradicación” añade el responsable de Oxfam.

El equipo de sensibilización de Oxfam, equipado a bordo de motocicletas con pulverizadores de cloro, prosigue su trabajo entre los enclaves alrededor de los campos. En el camino, se cruzarán con decenas de nómadas, quiénes a lomos de sus camellos, buscan nuevos campos a recolectar o algún mercado donde vender la mercancía. Con este objetivo, traspasarán incluso las fronteras de los países vecinos -Níger, Nigeria y Camerún- y con ellos, la bacteria. Por eso, urge interceptarlos en el camino y explicarles qué es el cólera y cómo evitarlo.

Mohammat ya está fuera de peligro, pero todavía sus ojos muestran el espanto de sentirse al borde de la muerte. Ahora, sabe lo importante que es lavarse las manos y asegurarse que el agua que consume ha sido potabilizada. Ni él ni a sus compañeros lo olvidarán.

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