¿Cuando mejorarán las cosas en Haití?

Durante los últimos diez meses, un país que se encontraba en una situación de pobreza extrema ha sufrido un terrible terremoto, fuertes lluvias y tormentas y ahora se enfrenta a una epidemia de cólera que se extiende con demasiada rapidez. Para cualquier observador externo, la recuperación de Haití resulta desmoralizadoramente lenta; sin embargo, para las organizaciones que trabajan aquí, la pregunta es: ¿por dónde empezamos?

A pesar de que Puerto Príncipe es una ciudad diseñada para albergar a 250.000 habitantes, hoy en día acoge a tres millones de personas, y muchas de ellas viven en condiciones precarias en casas improvisadas o en tiendas de campaña en las laderas de las preciosas montañas verdes que cubren la ciudad. Toda esta gente ha venido a vivir a la ciudad debido a la falta de trabajo que hay en las zonas rurales. La mayoría de ellos no poseían ni casa ni tierras propias, y eran ocupantes ilegales de la ciudad en el momento en el que tuvo lugar el terremoto. Por lo tanto, ¿dónde se pueden construir nuevos refugios para ellos si no hay terreno disponible?

El ochenta por ciento de los habitantes no tenían trabajo antes de tener lugar el terremoto y un gran número de los empleos remunerados han dejado de existir debido al derrumbe de las infraestructuras. Del mismo modo, muchos hoteles, colegios y fábricas fueron destruidos y dejaron a sus trabajadores sin empleo.

La mayoría de los habitantes de la ciudad no pueden obtener préstamos bancarios, y pasan a depender de los servicios de prestamistas que les cobran tasas de interés elevadísimas. Por otra parte, el noventa por ciento de los colegios son privados, y muy caros, lo que hace que los niños vayan a clase de manera irregular, ya que sus padres tienen dificultades para pagar las matrículas y otros gastos. Los servicios sanitarios también son muy costosos e inasequibles para la mayoría de los habitantes, a la vez que los pequeños negocios son vulnerables ante la inestabilidad de los mercados y los precios de los alimentos, la falta de estabilidad política y a la incidencia de los desastres naturales.

El cólera empeora la situación

Por último, el huracán Tomás y el cólera han dejado una secuela de consecuencias devastadoras. Además de todas las repercusiones para la salud y las infraestructuras sanitarias que estas catástrofes han traído consigo, también hay otras cuestiones fundamentales, y que es necesario considerar, en relación a las ofertas de empleo y a las existencias de alimentos. Los agricultores de arroz han dejado de cosechar por temor a que el agua de los campos esté contaminada con cólera. Los mercados de las zonas afectadas por el cólera están vacíos porque la gente tiene miedo de comer cualquier alimento que no hayan cultivado ellos mismos, del mismo modo que prefieren no comprar sal marina ni bolsas de agua por miedo a que éstas también estén contaminadas. Muchas familias han perdido a la persona que las sacaba adelante o están incapacitadas debido al brote de cólera.

Para la mayoría de las organizaciones humanitarias que trabajan en Haití, el problema no es cómo actuar ante un terremoto o ante cualquier otra emergencia, sino cómo tratar la pobreza extrema en un país que es incapaz de ofrecer servicios básicos a sus habitantes y que se ve afectado constantemente por diferentes desastres.

Una comida caliente al día

Aunque pueda parecer que los cambios son lentos y se encuentran con muchos obstáculos, poco a poco se está avanzando y está siendo posible hacer planes de futuro. Oxfam ha llegado a más de 35.000 viviendas (lo que supone alrededor de 175.000 personas) mediante una serie de actividades concebidas con el fin de proporcionar alimentos a aquéllos que más lo necesitan y lograr que la gente trabaje de nuevo. Todo esto ha implicado alimentar y ofrecer un plato de comida caliente durante un período de dos meses a las familias más vulnerables, aquéllas que lo habían perdido todo en el terremoto, así como concederles una ayuda de 175 dólares para que pudiesen volver a poner en marcha sus pequeños negocios. Gracias a esta ayuda, el ochenta y siete por ciento de las familias han conseguido reactivar sus negocios con éxito. A los cocineros que estaban al cargo de preparar las comidas también se les han ofrecido ayudas para volver a retomar sus negocios y se les han proporcionado cocinillas de bajo consumo que les permitirán reducir a la mitad el consumo de carbón. Miles de familias pobres han tenido la oportunidad de volver a retomar sus medios de vida gracias a las ayudas económicas de Oxfam. Además, Oxfam ha impartido a más de 1.000 personas la formación correspondiente con la que adquirir las habilidades profesionales necesarias para trabajar en el sector de la reconstrucción. Todas estas personas perdieron sus herramientas de trabajo en el terremoto, por lo que se les han entregado cajas de herramientas para que puedan responder a la gran demanda de trabajo tan necesaria en una ciudad que necesita ser reconstruida.

Aunque la situación en Haití es muy complicada y la ciudad se ve constantemente azotada por las catástrofes, como comunidad humanitaria que somos ahora contamos con una gran oportunidad para realizar los cambios positivos que tanto se necesitan. Y muchos ya están ocurriendo.

Los dos próximos meses serán cruciales en nuestra planificación, puesto que podremos ver los resultados de las elecciones haitianas y hacernos una idea de qué disponibilidad de fondos hay para los trabajos de desarrollo a largo plazo en Haití. Con un poco de suerte, muchos de los programas que estamos tratando y considerando con el objetivo de devolver a la gente sus vidas tomarán forma muy pronto.

Philippa Young es la Coordinadora de la provisión de alimentos y medios de vida en situaciones de emergencia de Oxfam.

Más información

El trabajo de Oxfam en Haití

Comparte esta página: