Carrera a contrarreloj en Somalia: el país afronta su peor crisis de la última década

Adan Kabelo, el director de de Oxfam Gran Bretaña, (GB) en Somalia, escribe desde el Bajo Juba, en el sur de Somalia, donde una sequía devastadora y un conflicto que no cesa han dejado a muchos muriendo de hambre:

En las afueras del pueblo Dobley, hay cientos de personas desesperadas. Hacinadas en refugios improvisados bajo las ramas desnudas de los árboles de Acacia, han venido desde todos los rincones del sur de Somalia (a pie y en carros tirados por burros) para tratar de cruzar la frontera con Kenia. Algunos han caminado durante dos semanas para llegar aquí y cientos de personas llegan cada día más.  Todos ellos vienen con muy poco para comer.

En una fogata pequeña, una familia cocina un mango para compartir entre dos o tres niños. Muchos de los que están aquí son agricultores que han perdido sus cosechas después de un año sin lluvias. Otros son pastores a quienes se les han muerto los animales. La situación aquí es de verdad extrema y, como advierten los más ancianos, estamos a punto de presenciar una terrible catástrofe humana a no ser que el mundo actúe rápidamente.

El conflicto, la sequía y el alza de precios

Ha habido dos estaciones sin lluvia o de lluvia insuficiente (la última lluvia buena ocurrió en abril de 2010), así que ahora queda muy poco de agua o pasto. La comida es escasa y cuando hay, es demasiado costosa. El precio de los alimentos básicos locales como el maíz y el sorgo se han casi duplicado desde enero.

El conflicto en curso y la inseguridad en Somalia hacen que esta crisis sea aún peor. Las tasas de malnutrición siguen creciendo, y además el único hospital en Dobley fue bombardeado y destruido durante combates hace algunos meses. No hay acceso terrestre desde otras partes de Somalia, así que no se puede transportar alimentos desde áreas donde sí hay disponibles. Al único lugar seguro a donde la gente puede ir es a Kenia.

Lo increíble es que se considera que Dobley está en mejor situación que otros lugares en la región del Bajo Juba. El mes pasado cayó un poco lluvia aquí (mientras que otras áreas se han quedado secas), lo que significa que los dos pozos del pueblo pueden bombear un poco de agua. El equipo de Oxfam y socios somalís trabajan día y noche para mantenerlos bombeando. Pero hoy en la madrugada, cuando íbamos hacia los puntos de agua, se hizo evidente que esto trae otros problemas.

Los cadáveres de los animales cubren el camino hacia el pozo y el hedor de animales muertos ha contaminado el aire. Cuando llegamos, había cientos de personas y cerca de 15.000 vacas, camellos, ovejas y cabras demacradas rodeando el pozo, tratando de obtener un poco de agua para sobrevivir. La condición de los animales es tan mala que es difícil imaginar cómo podrían sobrevivir más de un par de meses.

Todos vienen de áreas secas muy lejanas donde no ha caído ni una gota de lluvia. El siguiente punto de agua, aparte de este pozo, está a más de 80 kilómetros de distancia. Los pozos bombean agua más de 20 horas al día, lo que incrementa los riesgos de averías y hace difícil el mantenimiento por parte de nuestros ingenieros. Simplemente, no hay suficiente agua para suplir la demanda y la gente enfrenta una grave escasez.

Un anciano con el que hablé me dijo que esta era la peor situación de la que tuviera memoria desde 1995. Ya pronto no hablaremos sobre los animales que han muerto, hablaremos de la gente que ha muerto.

La amenaza de una crisis peor

Las familias están huyendo del conflicto y las sequías, pero no es claro hacía donde o qué van a encontrar ene se lugar. Un anciano me recordó un proverbio somalí: “usa tus pies para escapar de la guerra y de la sequía.” Muchos de ellos me dijeron que huían hacia Kenia, pero algunos lugares del noreste de Kenia, justo al lado de la frontera, han tenido tan poca lluvia como Somalia y también enfrentan una escasez severa de agua y alimentos.

Otros van a los Campamentos de refugiados de Dadaab (los más grandes del mundo), a donde más de 300.000 somalíes han llegado huyendo de dos décadas de guerra. Pero el campo esta sobrepoblado y ahora están llegando cerca de 10.000 personas a la semana. Una extensión de campo importantísima que fue construida para cuidar a  los recién llegados y aminorar el hacinamiento, conocida como el Ifo II,  fue cerrada por el gobierno de Kenia. Como resultado, miles de familias recién llegadas están refugiadas afuera en condiciones desesperadas.

Las personas que huyen de la guerra y la sequía no deben ser rechazadas por Kenia. Pero la gente dentro de Somalia también necesita ayuda. Las partes del conflicto deben garantizar el acceso humanitario y que las carreteras estén abiertas. Además, los donantes (a veces reacios a financiar proyectos humanitarios en Somalia) deben liberar fondos para asegurar que las agencias pueden responder ahora, antes de que sea demasiado tarde.

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