Angélique Kidjo: Nuestro sistema alimentario mundial no funciona

Me encanta comer. No hay nada mejor que sentarse a comer un plato de “Tchep bou djen”, una especialidad culinaria senegalesa hecha con pescado, arroz y vegetales.

Desgraciadamente, también sé muy bien lo que es no tener comida. El hambre no es una broma: es como si alguien le prendiese fuego a tu barriga. No se lo deseo a nadie. Pero cerca de mil millones de hombres, mujeres y niños (uno de cada siete de nosotros) pasan hambre hoy en día.

Es una situación horrible, sobre todo porque no existe una razón de peso que justifique que las personas tengan que pasar hambre: el mundo puede alimentarnos a todos. El problema está en la forma en que cultivamos y compartimos los alimentos.

Nuestro sistema alimentario mundial no funciona. Tal vez no sea obvio para todo el mundo: las estanterías de los supermercados de muchos países están abarrotadas de alimentos de todas partes del planeta y tienen precios asequibles para el consumidor medio. Pero si lo observamos más de cerca, no es difícil discernir las grietas del sistema.

Vivimos en un mundo en el que el número de personas hambrientas parece aumentar en lugar de disminuir por primera vez en décadas; donde casi la mitad de los alimentos producidos se desperdician; donde el precio de los alimentos devora hasta tres cuartos del total de ingresos semanales de los más pobres. Vivimos en un mundo donde el cambio climático y los cada vez más escasos recursos naturales dificultarán aún más la labor de alimentar a una población en aumento; un mundo donde hombres, mujeres y niños sentirán ese fuego en sus barrigas.

Échale otro vistazo desde la perspectiva de uno de los millones de productores pobres de alimentos y podrás ver dónde están los problemas.

Existen unos 500 millones de pequeños productores agrícolas en los países en desarrollo que, en conjunto, alimentan a un tercio de la humanidad. Estos agricultores reciben poco o ningún apoyo por parte de sus gobiernos o la comunidad internacional y aún así son obligados a competir con un puñado de agricultores ricos en países industrializados que reciben miles de millones de dólares en forma de subsidios por parte del gobierno.

Estos agricultores se enfrentan a unas condiciones meteorológicas cada vez más inestables y extremas, resultado del cambio climático. Aún así, los gobiernos con el poder suficiente para impedir que el cambio climático llegue a estar fuera de nuestro control y el dinero para poder ayudarles a adaptarse, no han pasado a la acción para combatir este problema.

Estos agricultores han visto cómo sus tierras, de las que sus comunidades han dependido durante generaciones, han acabado en manos de élites locales, gobiernos extranjeros y grandes empresas. Mientras tanto, las mujeres agricultoras (y hay muchas) no suelen tener acceso a la propiedad de las tierras que trabajan por culpa de costumbres locales o leyes nacionales.

Estos agricultores lo han pasado realmente mal para poder seguir adelante frente al aumento del precio de los alimentos, que ha sido debido en parte a las operaciones llevadas a cabo por las empresas de biocombustibles, las cuales reciben recompensas por parte de sus gobiernos al convertir alimentos en combustible, incluso en momentos de severa crisis alimentaria a nivel global.

Estos agricultores saben mejor que nadie que este sistema no funciona y Oxfam, que lleva trabajando más de 70 años con productores pobres, está a punto de lanzar una nueva campaña mundial para poder arreglarlo.

La campaña CRECE de Oxfam quiere ver a los gobiernos poniendo en marcha esta transformación hacia un nuevo sistema alimentario mundial: un sistema que garantice que todas las personas tengan siempre suficiente para comer. Esto requiere que los gobiernos inviertan en los productores pobres para que puedan alimentar a más personas y adaptarse al cambio climático; regular los mercados de materias primas y reformar las injustas políticas sobre biocombustibles; asegurar los derechos de las personas de cara a tierras y agua; y, finalmente, requiere pasar a la acción para poder prevenir que los catastróficos efectos del clima climático causen aún mayores destrozos en la producción alimentaria. CRECE también hace un llamamiento a las empresas para que cambien su modelo de negocios a uno en el que los beneficios no son conseguidos a la expensa de  los productores y consumidores pobres.

Sería ingenuo pensar que todos los gobiernos y empresas van a ver el mundo a través de los ojos de esos agricultores pobres de repente. Depende de nosotros, como consumidores y ciudadanos, que abran sus ojos ante este mundo. Debemos demostrarles (reduciendo nuestras emisiones de carbono, eligiendo alimentos que son producidos de manera justa y sostenible, y uniéndonos a Oxfam para exigir este cambio) que el hambre no es aceptable, ni hoy ni mañana. Por esta razón me uno a la campaña CRECE de Oxfam y, por ello, te pido ahora que te unas también a nosotros.     

Nacida en Benín en el oeste de África, Angélique Kidjo es artista musical, ganadora de un Grammy y Embajadora Global de Oxfam 

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