Cuerno de África: la crisis evitable

Rosebell Kagumire es una periodista de Uganda que trabaja en asuntos de paz y conflictos en el este de África. En este blog, en el que escribe como invitada, Rosebell nos cuenta cómo el gobierno africano debe desempeñar un papel vital en la prevención de futuras hambrunas. NOTA: las opiniones expresadas aquí son las de la autora y no reflejan necesariamente la política de Oxfam.

El pasado martes, el periódico Daily Monitor de Uganda informó de la muerte de dos personas en el distrito de Bulambuli. Las autoridades locales dijeron que dos personas habían muerto de hambre. Además, advirtieron que podría haber más muertes.

En su desesperación, el líder local pedía, “El hambre nos está matando, estamos pidiendo al gobierno que por favor venga a rescatarnos. Nuestros hijoshan dejado las escuelas y no pueden volver porque no hay comida.”

En el distrito, como en muchos otros lugares, ha habido sequías desde abril. Y sin embargo, el este de Uganda no aparece en ninguno de los mapas de afectados por las sequías que usan las agencias de ayuda para responder a la crisis alimentaria actual, pero el problema de inseguridad alimentaria y la incapacidad de los gobiernos del Cuerno de África para implementar medidas para evitar la muerte y la devastación sigue ahí.

Oxfam ha anunciado que la crisis alimentaria que enfrenta el Cuerno de África es la peor del siglo XXI. A lo largo de Etiopía, Somalia y Kenia hay 12 millones de personas que necesitan alimentos, agua potable y servicios sanitarios desesperadamente. La ONU declaró el estado de hambruna en el sur de Somalia. Casi la mitad de la población somalí se encuentra en crisis en este momento, dejando una estimación de 2.8 millones de personas afectadas. La atención se ha centrado en las necesidades humanitarias para las personas más afectadas. La ONU estima que se requieren mil millones de dólares adicionales para cubrir las necesidades inmediatas, y de esta cantidad se han entregado menos de 200 millones de dólares.

Sin embargo, la discusión no debe ser solo cómo cubrir las necesidades del presente. Esta crisis se predijo, los gobiernos y la comunidad internacional tuvieron tiempo suficiente para responder, y ahora no estaríamos viendo esas imágenes de niños y niñas con las costillas al descubierto llegando al campo de refugiados Dadaab.

He visto las críticas a la comunidad internacional por su respuesta tan lenta a la crisis, pero no he visto que se cuestione desde otros gobiernos africanos la posibilidad de que Kenia lleve a cabo la apertura de un nuevo campamento para refugiados somalíes.

La Unión Africana hizo una declaración ante la Comisión del Fondo de Emergencia de Asistencia Especial para la sequía y la hambruna en África (SEAF)  y concedió la suma de 30 mil dólares a ACNUR para ayudar a la población somalí que ha sido afectada por la sequía. El comunicado también declaró que el Fondo tiene cada vez menos recursos dado que el gobierno no les ha entregado dinero.

Oxfam explicó en un comunicado el problema que afronta el Cuerno de África ante la sequía.

El comunicado decía: “es indudable que, mientras este desastre ha alcanzado una magnitud gigantesca debido a las sequías severas, esta crisis la causaron la gente, la políticas, al igual que los patrones del clima. Si se hubieran tomado más acciones con anticipación, se habría ayudado a mitigar la severidad de la crisis actual. No es una coincidencia que las áreas más afectadas sean las que sufren una pobreza arraigada debido a la marginación y falta de inversión.”

La mayoría de estas áreas en crisis en el Cuerno de África son áreas marginadas a las que solo se acude cuando la situación ya es funesta. Estas áreas no son una prioridad para nuestro gobierno actual.

Hablé con Kassim Mohamed, un periodista de Kenia que había acabado de llegar de Dadaab. Me dijo que a la situación apremiante de los refugios en Somalia no se les había dado urgencia por problemas políticos.

“En Dadaab conocí a una mujer que llevaba horas haciendo una cola de seguridad en la frontera. Tenía dos niños, uno de tres años a quien llevaba de la mano y un bebé pegado a su espalda,” contó Mohammed. “El de tres años estaba bastante malnutrido, cuando tuvo que escoger a cuál de los dos niños dejar para que se muriera decidió dejar al de tres años, y tomó un atajo para llegar a Kenia y salvar al menor.”

¿“Por qué no podría Kenia, la economía más grande del Cuerno de África, alimentar a su gente?”, se pregunta Kassim. “La verdad es que las políticas actuales han cobrado su precio. En última instancia, esos que no están bien representados serán aquellos cuya supervivencia no será tomada en cuenta hasta que estén muriendo.”

Ha habido un apoyo limitado para las personas que se dedican a la agricultura, y en cambio, el país se ha concentrado en el debate sobre cómo traer alimentos baratos.

Durante el primer trimestre de 2011 en Somalia, las personas se vieron obligadas a desplazarse más por las sequías que por el conflicto armado. Las Agencias Humanitarias predijeron esta crisis tal como la estamos viendo. A principios de junio conocí a Kelly David, la directora de ONU OCHA para el este y sur de Uganda, cuando daba una charla sobre inmigración y desplazamiento en la región en la Conferencia Nanse sobre cambio climático y desplazamiento en Oslo.  

Explicó entonces que “los vínculos entre la ayuda de emergencia, la reducción de riesgos de desastres, la rehabilitación y el desarrollo son demasiado débiles y están mal financiados.” Además, hizo énfasis en la petición por 3,4 millones de dólares que el gobierno de Mozambique hizo en 2006 para prepararse para las inundaciones, pero entonces no les dieron mucho. Sin embargo, la comunidad internacional gastó 98 millones de dólares en ayudas una vez que las inundaciones habían causado estragos.

El gobierno del Cuerno de África debe actuar de manera diferente sobre esas políticas que pueden cambiar la manera de trabajar en la agricultura para garantizar la seguridad alimentaria.  La comunidad internacional debe apoyar las iniciativas para reducir el riesgo de desastres y no esperar a que llegue una situación de vida o muerte. En vista de estas sequías, las personas que trabajan en agricultura en el Cuerno de África, no sólo deben pedir que sus gobiernos hagan frente a los efectos globales del cambio climático, sino que los países donantes, quienes son los mayores productores de gases efecto invernadero, deberían pagar también.

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