El acuerdo climático decepciona a las personas más pobres

Ian Sullivan

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Oxfam Great Britain, Activista on-line
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A pesar de que las negociaciones de Naciones Unidas sobre el cambio climático en Durban se prolongaron durante más horas de las esperadas, los participantes solo lograron evitar el fracaso total gracias a un acuerdo mínimo.

Durante dos largas semanas de negociaciones se debatieron, redactaron, discutieron y analizaron minuciosamente dos cuestiones clave. Primero, cómo aumentar los recortes de las emisiones y garantizar un marco legal (los cimientos de un segundo período del Protocolo de Kioto) que incluya un acuerdo justo, ambicioso y jurídicamente vinculante para los principales emisores. Segundo, cómo recaudar los fondos necesarios para el Fondo Verde para el Clima, el instrumento diseñado para prestar apoyo económico a los países en vía de desarrollo para desarrollar sus economías con bajas emisiones de carbono y ayudarles a mitigar los efectos del cambio climático.

Las negociaciones se prolongaron durante una segunda noche hasta que, finalmente, se logró aprobar un plan que pone en marcha el Fondo Verde para el Clima pero sin ninguna fuente de financiación; mantiene un estrecho margen para evitar que el calentamiento global alcance los 4ºC; y establece un segundo período del Protocolo de Kioto pero sin algunos de los miembros clave.

Para ser honestos, el acuerdo al que se llegó en Durban no es bueno ni para el futuro del planeta, ni para las personas más pobres y vulnerables. El mensaje que los participantes en las negociaciones enviaron a la gente hambrienta es: “Que coman carbón.”

La “Plataforma de Durban” solo se puede describir como una gran decepción y la culpa recae sobre EEUU y países como Canadá, Japón y Australia que, desde el principio, se mantuvieron al margen evitando así alcanzar nuevos compromisos para recortar las emisiones y mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC.

Si no se toman medidas ambiciosas pronto, en algunas partes de África los agricultores podrían enfrentarse, en esta o en la próxima generación, a una caída en la producción de sus cultivos de más del 50%. Los precios de los alimentos se podrían más que duplicar en las próximas dos décadas, más de la mitad como consecuencia directa del cambio climático. Esto hace aún más importante la necesidad de acciones concretas y reales que garanticen que la gente más vulnerable pueda protegerse ante el cambio climático

No podemos permitir que el Fondo Verde para el Clima muera poco a poco. Los gobiernos deben encontrar ya fuentes de financiación significativas y previsibles para el Fondo, tales como una pequeña tasas sobre las transacciones financieras y un impuesto sobre las emisiones de transporte marítimo internacional.

Los gobiernos deben guardar los céntimos ahorrados aquí en Durban y centrarse inmediatamente en los objetivos de reducción de las emisiones y en la provisión de fondos para el Fondo Verde para el Clima. Si los países no ponen en marcha medidas para reducir sus emisiones rápidamente, serán los más pobres y vulnerables los que tendrán que pagar con sus vidas las consecuencias de este descuido.

Las personas a las que les preocupa el futuro de los más pobres del mundo y su propio futuro económico deberían sentirse furiosas al saber que los gobiernos han fracasado aquí, en Durban, a la hora de emprender las acciones necesarias. Pero sentirse furioso no solucionará el problema del cambio climático. Todavía nos queda una oportunidad para hacer presión en Río y lograr mayores recortes en las emisiones y el acuerdo que necesitamos. Quienes sean incapaces de alcanzar este tipo de acuerdo, simplemente deberían quedarse en casa.

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