Tras el toma y daca...

Toma y daca es una locución española que significa un trueque simultáneo de cosas y servicios. Según parece, hay que tener dotes para la negociación y saber regatear para completar con éxito el intercambio.

Y esto ha quedado claro en Accra, lugar de celebración del Foro de Alto Nivel sobre la Efectividad de la Ayuda, en el que los grandes negociadores que no eran otros que los países contribuyentes con financiación económica regatearon para acordar unas condiciones de entrega de la ayuda al desarrollo beneficiosas para sus propios países. Como resultado, los países contribuyentes y los receptores establecieron cinco indicadores de desarrollo para luchar por la erradicación de la pobreza y la efectividad de la ayuda al desarrollo.

Una vuelta por Accra basta para comprobar por qué Ghana es uno de los tres países de África que el Banco Mundial pone como ejemplo de progreso obtenido gracias al uso efectivo de la ayuda exterior en su esfuerzo por paliar la pobreza.

Y no hay ninguna duda de ello, a juzgar por el lugar de celebración del Foro, el Centro internacional de conferencias (International Conference Center) de Ghana, que posee grandes salas de reuniones equipadas con aire acondicionado, y en las que había servicio de internet inalámbrico, té caliente en grandes cantidades y, por supuesto, cacao ya que Ghana es el segundo productor mundial. Además, no es difícil ver por qué el país se ha ganado esta distinción ni suponer que a los ghaneses les va bastante bien teniendo en cuenta el lugar de construcción de la nueva residencia presidencial, el centro comercial y los restaurantes de categoría frecuentados por la creciente clase media de Accra.

Aun así, esta floreciente afluencia urbana contrasta drásticamente con los jóvenes que venden comida y artículos domésticos en la calle. Muchos de ellos tienen que coger dos trotros (camionetas con capacidad para 25 pasajeros que se mueven por la ciudad y conectan zonas rurales) desde sus respectivos pueblos, en los que las condiciones no son tan halagüeñas. De la población total de 23 millones de ghaneses, más de la mitad son pequeños agricultores o pescadores que viven en zonas rurales y que a duras penas subsisten. Además, considerando que el gasto social proveniente de la ayuda exterior no suele llegar a manos de la población rural de Ghana que tanto acusa la pobreza, como en la mayor parte de países, muchos de ellos no pueden acceder a los servicios sanitarios ni a la educación pública. [caption id="attachment_409" align="alignnone" width="450" caption="Pueblo de Nyariga, Ghana: niños jugando en la cabina de un camión. Nov 2004. Autor: Helen Palmer/Oxfam"][/caption] Cuando mi avión aterrizó en Dakar, Senegal, unos días después del foro, la necesidad de más ayuda y de mejor calidad era una realidad todavía más patente. Aquí, lo urbano y lo rural comparten el espacio y no es raro ver caballos que tiran de carretas para el transporte de mercancías al lado de coches BMW que esperan a que se abra el semáforo. Los basureros llevan varios días en huelga y los niños de la calle y otros que han migrado desde las zonas rurales esquivan los contenedores rebosantes de basura mientras piden limosna. Senegal, al contrario que Ghana, es uno de los países menos desarrollados. La necesidad de una distribución efectiva de la ayuda es alarmante.

Por ello, ahora que ha finalizado el toma y daca y cada uno se ha ido por su lado, las consecuencias reales se hacen sentir por aquéllos que viven el problema en primera persona, que son por supuesto los más pobres y vulnerables de los países en vías de desarrollo. La esperanza de muchos, sobre todo de aquéllos que más lo necesitan, es que los países contribuyentes y los receptores mantengan su palabra y hagan llegar la ayuda de manera efectiva, para que una vez hecho el trueque éste se traduzca en mejores resultados gracias a una ayuda al desarrollo mejor gestionada.

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