Horizonte 2020: por qué el secretariado Oxfam Internacional debe trasladarse al Sur global

Hace un mes –la tarde del domingo 6 de abril, más exactamente –, Nigeria se convirtió, de pronto, en la mayor economía de África. Utilizando datos actualizados, el país africano recalculó su PIB y, de la noche a la mañana, su riqueza se disparó un 90% hasta alcanzar los 509.000 millones de dólares, superando así a Sudáfrica. Con tan sólo un trazo de bolígrafo, la renta media de Nigeria paso de los 1.500 dólares a los 2.688 al año. Sólo la industria cinematográfica del país tiene un valor de 7.000 millones de dólares al año y el de la industria petrolífera es diez veces mayor. Lo que no ha cambiado es el hecho de que la mayor parte de sus 170 millones de habitantes aún vive por debajo del umbral de la pobreza.

La desigualdad está presente en todos los ámbitos de la vida

Esto ejemplifica  perfectamente cómo el poder económico y geopolítico está cambiando. Y muy rápido. También la pobreza está cambiando, así como nuestra capacidad para combatirla. Hoy en día, la mayor parte de las personas en situación de pobreza vive en países de renta media. En Oxfam nos centramos cada vez más en la creciente brecha entre las personas ricas y los miles de millones de personas pobres. No se trata simplemente de quién tiene más dinero en el bolsillo. La desigualdad afecta al acceso al poder político, a empleos dignos, a la justicia, a la seguridad, a los alimentos, a la tierra y a otros valiosos recursos, a la sanidad, a la educación y a mayores oportunidades. Para mí, la "desigualdad" es una interesante lente a través de la cual podemos volver a analizar  el mal uso  del poder y las implicaciones que esto tiene para la seguridad global y el desarrollo. La ayuda ya no es, tampoco, una cuestión de "Norte a Sur". La aparición de nuevos actores y de nuevas tecnologías está reescribiendo las normas.En mi opinión, ahora más que nunca el mundo gira en torno al estrecho triángulo de poder que conforman los líderes políticos, las personas –incluidas las organizaciones de la sociedad civil– y el sector privado. Cada una de estas partes debe analizar y equilibrar a las otras en pro del bien común. Los Gobiernos y los donantes miran cada vez más al sector privado para financiar oportunidades comerciales en países pobres. Por ejemplo, en los últimos cuatro años, el Banco Mundial ha prestado al sector casi el doble de fondos (36.000 millones de dólares) de los destinados a sanidad (22.000 millones de dólares), y casi el triple de los dirigidos a educación (12.000 millones de dólares). Se trata de una estrategia terriblemente arriesgada. El sector privado tiene un papel clave que jugar en el desarrollo global y existen muchos ejemplos de iniciativas realmente progresistas y mutuamente beneficiosas. Pero a menos que la relación con el sector privado se regule y controle a través de políticas adecuadas, éste puede convertirse en un competidor increíblemente destructivo. Las ONG deben revaluar constantemente sus relaciones con el sector privado, tal y como se hace con los responsables de la toma de decisiones a nivel político.

Debemos fortalecer nuestra capacidad para influir en los sistemas de poder

Las ONG que no detecten estas señales de transformación y sigan funcionando como siempre lo han hecho serán cada vez menos relevantes y tendrán un menor impacto. En Oxfam nos enorgullecemos  de nuestros 70 años de historia. Aportamos gran cantidad de conocimientos y experiencias, y seguiremos haciéndolo. No cambiamos porque esté de moda. Lo hacemos porque las dinámicas de poder globales y la pobreza son ahora muy distintas. Desde Oxfam hemos tomado una decisión estratégica; utilizar nuestro trabajo combatiendo la pobreza para concentrarnos en nuestra principal prioridad: fortalecer nuestra capacidad para influir en las dinámicas políticas y corporativas que perpetúan la pobreza. Ejerciendo influencia en los sistemas de poder y toma de decisiones, desde Oxfam podemos ayudar a más personas en situación de pobreza de las que ayudaríamos simplemente proporcionándoles más servicios.Esto implica una nueva imagen para Oxfam, además de cambiar la forma en la que nuestra internacional familia se organiza. Vamos a tener más afiliados establecidos en países del Sur global que puedan captar sus propios fondos, dirigir sus propios programas, formar sus propias alianzas con movimientos de la sociedad civil locales y ejercer influencia en Gobiernos y empresas de su propio ámbito. Estos nuevos Oxfam tendrán acceso a todo el conglomerado de conocimientos que hemos acumulado con los años sobre el trabajo de desarrollo, el análisis de políticas, la acción humanitaria y el desarrollo de campañas. Con el tiempo, también compartiremos recursos y servicios como los recursos humanos y tecnológicos.

Nos transformamos en una organización verdaderamente internacional

Creo que las ONG deben hacer más que simplemente "adaptarse" a las cambiantes dinámicas globales.Debemos transformarnos para convertirnos en organizaciones verdaderamente internacionales que compartan el poder de forma más democrática y sean más responsables y transparentes ante las comunidades pobres, a las que somos cada vez más cercanas. Debemos ser más inteligentes a la hora de influir (cómo y dónde) sobre los sistemas políticos que ostentan la mayor parte del poder, así como de forjar nuevas e innovadoras relaciones de partenariado y colaboración. Todo esto no significa abandonar todo lo que hemos hecho anteriormente. Todo lo contrario. Necesitamos comprender a través de nuestras historias cómo gente corriente ha logrado defender con éxito sus derechos y mejorar sus  condiciones de vida, y cómo las ONG pueden ayudarles a hacerlo hoy en día.Quiero que Oxfam forme parte de un movimiento global más fuerte al servicio de una sociedad guiada por sus valores y que trata a las personas de forma más equitativa y protege el planeta. A nuestro modo de ver, en el mundo de Oxfam, esto significa transferir el poder al Sur global.

 

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