Calentemos el debate sobre el cambio climático. No hay tiempo que perder

Desde que los líderes mundiales se reunieron por última vez hace cinco años para debatir sobre el cambio climático, la situación ha cambiado mucho y, sin embargo, demasiadas cosas siguen inmutables.

El cambio climático no se está acercando. Ya está aquí. Durante los últimos cinco años, más de 112.000 personas han perdido la vida y más de 650 millones han resultado damnificadas como consecuencia de desastres relacionados con el clima.

El cambio climático destruye infraestructuras y medios de vida, devasta cultivos y provoca que millones de personas sean víctimas del hambre, minando  sus esfuerzos  por salir de la pobreza y amenazando con tirar por la borda   los progresos realizados en materia de desarrollo. Además, el coste económico del caos provocado ha sido inmenso: casi medio billón de dólares (tres veces más del coste de los daños provocados durante toda la década de los setenta).

Y, sin embargo, muchas cosas siguen sin cambiar. Los compromisos internacionales para combatir su amenaza parecen estancados, tanto en lo relativo a la reducción de las emisiones, como en lo relacionado con proporcionar a los países en desarrollo los recursos necesarios para reducir sus emisiones y adaptarse a los efectos del cambio climático que no se pueden evitar. 

Los objetivos de mitigación y adaptación están estancados

Cuando los líderes mundiales se reunieron en Copenhague en 2009, acordaron reducir las emisiones que provocan el cambio climático, pero no lo suficiente como para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Sin embargo, desde entonces, ningún país ha incrementado sus objetivos de mitigación y algunos, como Canadá o Japón, incluso los han reducido. Como resultado, el calentamiento global está en vías de casi superar los 4ºC para finales de siglo, lo que tendrá consecuencias catastróficas. 

Asimismo, los líderes propiciaron la creación de un Fondo Verde para el Clima y los países ricos se comprometieron a destinar 30.000 millones de dólares entre 2010 y 2012 para financiarlo, hasta llegar a proporcionar 100.000 millones de dólares al año para 2020 para ayudar a los países pobres a adaptarse a los efectos del cambio climático y reducir sus emisiones. La voluntad política también sigue estancada en este aspecto: solo unos pocos países se han comprometido a aumentar sus contribuciones durante los próximos años. En el mejor de los casos, el flujo de fondos este año será de entre 16.000 y 17.000 dólares al año, aunque es probable que la cifra real se acerque más a los 8.000-9.000 millones, una vez eliminada la "contabilidad creativa". 

Mientras, los fondos destinados a subvenciones a los combustibles fósiles siguen aumentando, a pesar de la significativa reducción del coste de las energías renovables y de la presión ciudadana mundial para encontrar alternativas. 

Necesitamos un cambio de rumbo urgentemente

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha invitado a líderes de Gobiernos, empresas, bancos y representantes de la sociedad civil de todo el mundo a participar en la Cumbre sobre el Clima 2014 con el objetivo de impulsar acciones en la lucha contra el cambio climático. Necesitamos urgentemente una cumbre así. Necesitamos cambiar la forma en que se está gestionando esta crisis que se está desencadenando ante nuestros propios ojos. 

El cambio climático no es la única cuestión que debe preocupar a los líderes mundiales ahora mismo. En los últimos años, en raras ocasiones hemos sido testigos de tantas crisis internacionales simultáneas: desde Siria a Iraq, Sudán del Sur o Somalia. Sin embargo, en muchos sentidos, el cambio climático es la amenaza cuya solución está más al alcance de nuestra mano. Al contrario que en el caso de algunas de las crisis políticas actuales para las que resulta difícil encontrar la solución más idónea, sabemos que podemos remediar el cambio climático. Estamos de acuerdo con Ban Ki-moon cuando dice: “En lugar de preguntarnos si podemos permitirnos actuar, deberíamos preguntarnos qué nos está frenando y por qué”. Lo único que nos está impidiendo actuar para lograr un futuro más seguro son los intereses de la industria de los combustibles fósiles.

Lamentablemente, no parece que en la cumbre se vayan a conseguir demasiados avances. Los líderes mundiales parecen tener poco que aportar. El vacío político se ha llenado con iniciativas del sector privado que, aunque algunas parecen prometedoras, demasiadas serán poco más que meros trucos publicitarios para maquillar su labor de "verde",   sin aportar mucho más. 

Los líderes empresariales más progresistas deben, tal y como señala el secretario general, “combatir el escepticismo y los intereses fuertemente arraigados”. Las empresas pueden contribuir presionando a los Gobiernos para conseguir una mejor legislación e impulsar la eficiencia energética y la inversión en energías renovables. También pueden reducir sus emisiones y fijar objetivos para eliminar por completo de sus propias operaciones las emisiones derivadas del uso de combustibles fósiles.

Pero las promesas del sector privado no son suficientes. Solo un liderazgo político sólido y una legislación estatal ambiciosa pueden impulsar las acciones globales que tanto la comunidad científica como un número de personas cada vez mayor demandan. 

Si tiene éxito, esta cumbre traerá consigo energías renovadas e impulsará acciones para abordar el cambio climático antes de que los líderes se reúnan de nuevo en París a finales del año que viene para acordar un nuevo acuerdo internacional para combatirlo. Para ello, se precisan compromisos claros por parte de los Gobiernos, guiados por criterios científicos y el principio de equidad.

El cambio climático se está produciendo ahora y está causando víctimas mortales y sumiendo a personas en el hambre. Su coste aumenta y retrasar la lucha solo empeorará la situación. Necesitamos un cambio drástico. Por eso hemos participado en la reciente manifestación por el clima de Nueva York. Junto a miles de personas, hemos recordado a los líderes que es el momento de evitar que el cambio climático sume a más personas en el hambre y de construir un mundo más seguro, justo y pacífico. 

Foto: Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional y Amina J. Mohammed, asesora especial del secretario de la ONU Ban Ki-moon, para la planificación del desarrollo tras el 2015, durante la marcha del Cambio Climático en Nueva York.

¿Que puedes hacer tú?

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