República Dominicana: Política fiscal que reproduce la desigualdad

Alejandra, una periodista dominicana, quedó estupefacta cuando, en el proceso de investigación para un reportaje sobre fiscalidad en República Dominicana, se percató de que Bernarda Paniagua, vendedora de quesos y otros comestibles en el barrio de Villa Eloísa de las Cañitas (una de las zonas más pobres y carentes de servicios del país) aportaba al Estado con el pago de sus impuestos indirectos más que Víctor Rojas, un gerente de una prestigiosa empresa, que vive en una de las zonas más costosas del  país.

Durante la investigación, entre preguntas, sumas y restas, la periodista hizo cálculos y comprobó que Yosy, como le suelen decir a Bernarda en el barrio, prácticamente aportaba el 23% de lo que ganaba y Víctor, el 15%. En definitiva, los impuestos al consumo les piden mayor esfuerzo tributario a los pobres que a los ricos.

Bernarda es vendedora de quesos y otros comestibles en República Dominicana y aporta el 9% de sus ingresos a impuestos. Foto: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Quien tiene más debe aportar más

No parece muy justo, pensó Alejandra, porque el que más tiene debe aportar más.  

Se tranquilizó cuando reflexionó sobre el hecho de que existían otros impuestos como el impuesto sobre la renta que Bernarda no pagaba y que Víctor sí por tener más ingresos. Sin embargo, buscando información para entender mejor el panorama encontró que el 60% de los recursos del Estado provenían de los impuestos indirectos, y que éstos no diferenciaban entre ricos y pobres. Además de que ese impuesto sobre la renta que solo afectaba a la clase media y alta tenía una alta tasa de evasión.

Con los impuestos que paga la ciudadanía el Estado debe garantizar los servicios públicos--  reflexionaba Alejandra mientras le dolían los pies por un tropezón que sufrió al bajar los 175 escalones y caminar entre los hoyos, piedras y basura que bordean la cañada por la que tuvo  que pasar para llegar a casa de Bernarda a entrevistarla, el mismo recorrido que niños y niñas de la comunidad tienen que hacer diariamente para poder llegar a la escuela.

Los impuestos y el gasto público

Mientras la periodista esperaba en un club de la ciudad un contacto para poder entrevistar a alguien de altos ingresos y tener su opinión sobre los impuestos y el gasto público, observaba el baño en la piscina de los hijos y las hijas de sus posibles entrevistados, recordó el fuerte regaño que dio Bernarda a los niños del barrio que en el caluroso día en que la visitó, inocentemente jugaban con la llave de agua, por el desperdicio del valioso liquido. "El agua hay que cuidarla, no es para jugar",  decía ella a los niños, en tono de maestra.

Durante la entrevista ella explicó que esa llave de agua la comparten las casi 500 familias que viven en Villa Eloisa y que ahora no tienen que subir los 175 escalones para buscar galones de agua, gracias a que cada vecino y vecina cooperó con 200 pesos para comprar tubos y conectarla para que llegara el preciado liquido a la comunidad, de la que es tan difícil y cansado salir. 

La periodista pensó: ¿Cómo es posible que ni el servicio de agua esté garantizado en un país que crece tanto económicamente?

El mal servicio de agua y la baja calidad de la educación y la salud hacían que tanto Bernarda (15%) como Víctor (13%) tuvieran que destinar parte de sus ingresos en pagar estos servicios privadamente. Pero de nuevo Bernarda pagaba más proporción que Víctor.

Una política fiscal que luche contra la desigualdad

Lo que no es igual son los resultados de este gasto. A los niños y niñas suscritos al club, al que la periodista había entrado como parte de su investigación, no les faltaba de nada: colegio de élite, médico que va a casa desde que les sube la fiebre y club con piscina llena, esperándoles cuando tienen ganas de esparcimiento.

En cambio, Bernarda y su familia asisten al hospital y a la escuela pública y, pese a eso, siempre tienen que gastar en libros y medicinas. Y su hija mayor Karynely que hace 4 años terminó el bachillerato y la ayuda en la venta de los quesos, aún no ha podido seguir estudiando ni encontrar un buen trabajo, porque ¨no sabe nada de computadoras¨, ya que, donde estudió no había.  

Víctor dice que él aporta al Estado, pero que es muy poco lo que recibe a cambio que pagaría gustoso si obtuviera a cambio servicios de calidad y no tuviera que buscarlos privadamente. Bernarda piensa igual que él… pero con sus ingresos lo que consigue de forma privada no es ni suficiente ni de calidad.

El volumen de gasto público en educación pre universitaria per cápita está fuertemente concentrado en los sectores de bajos ingresos, pero lamentablemente esto no es el resultado de una política expresa, sino de una focalización forzada por la baja calidad y la imposibilidad de pagar una buena escuela privada que tienen de las familias empobrecidas.

En salud y agua el volumen de gasto público per cápita es bastante similar en las familias, tanto de alto como de bajo nivel socioeconómico, pese a que, en el caso del agua, unas obtienen el servicio en su casa y otras no. Todas las familias cuando pueden recurren a servicios privados, pero evidentemente, unas tienen más capacidad que otras para hacerlo.

En definitiva, el Estado dominicano no desarrolla una política fiscal que luche contra la desigualdad y que permita que tanto la familia de Bernarda como la de Víctor tengan las mismas oportunidades. Todo lo contrario, pareciera significar un impulso para que esta desigualdad se siga reproduciendo.

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