Sobre riqueza, deuda y desigualdad: en respuesta a algunas críticas

Ha sido una semana emocionante para Oxfam. Nuestro último trabajo de investigación, Riqueza: tenerlo todo y querer más realizado por Deborah Hardoon, ha recibido una gran atención en todo el mundo, incluida la cobertura en The Economist, la CNN y la BBC, entre otros. El informe ha provocado un debate a nivel mundial sobre la riqueza y la desigualdad, poco antes de que se celebrase la reunión anual del Foro Económico Mundial. La mayor parte de la cobertura ha sido positiva, aunque en los últimos días varias personas han criticado de una manera u otra los resultados que presentamos. Están en su derecho, pero me gustaría aclarar un tema en particular: el uso de la riqueza (activos menos deuda) en nuestros cálculos.

La base de datos que utilizamos la elaboró Credit Suisse, bajo la dirección de los economistas Jim Davis y Tony Shorrocks, cuyo trabajo ha sido la continuación de un proyecto académico a largo plazo que ha sido revisado por académicos mediante procedimientos reconocidos de “peer-review”.

El problema estriba en el hecho de que unos cuantos millones de personas poseen más deudas que activos, lo que implica que tienen riqueza negativa. Felix Salmon y Ezra Klein, entre otros, han mostrado su desacuerdo con esto y sugieren que Oxfam está engañando al público con sus resultados. Ambos se basan en este gráfico del informe de Credit Suisse para argumentar sus ideas. 

Credit Suisse graphic

Salmon y Klein afirman que el hecho de que haya tantos estadounidenses en el decil inferior invalida nuestras afirmaciones. El titular de Klein es: “la riqueza combinada de mis dos sobrinos ya es más que la del 30 por ciento más pobre del mundo en su conjunto... Solo tienen una hucha y ninguna deuda.”

Curiosamente, tanto Klein como Salmon recurren a anécdotas para refutar su punto de vista: Salmon sostiene que nuestro cálculo incluiría a Jerome Kerviel, el estafador francés que fue condenado a pagar alrededor de 6 millones de dólares (aunque no comenta el hecho de que no se espera que Kerviel los vaya a pagar). Klein menciona a Bill y Hillary Clinton, quienes tenían una deuda de millones de dólares al final de su estancia en la Casa Blanca. No voy a ponerme a explicar por qué considero que esas anécdotas son una manera pobre de fundamentar un punto de vista. Prefiero centrarme en los números.

Salmon y Klein están preocupados por la parte superior izquierda del gráfico anterior. Así que, ¿qué les parece si rehacemos los cálculos eliminando esa parte, o incluso todo el decil? Ese 10 % inferior de la población mundial está, de media, endeudado. El importe total de su deuda es de 684.000 millones de dólares. Hay bastantes estadounidenses y europeos en ese grupo, que es por lo que Klein y Salmon indican que hay un problema metodológico.

Veamos qué pasa si excluimos el decil más bajo de nuestro análisis, a pesar de ser conscientes de que con ello vamos a excluir a algunas de las personas más pobres de los países más pobres del mundo, sin ningún tipo de riqueza en absoluto.

Los deciles del 2 al 5 poseen el 1 % de la riqueza mundial, o lo que es lo mismo, 2,6 billones de dólares. El decil número 2 tiene muy poca riqueza (0,1 %), pero es positivo. El dinero que tienen en  la hucha los sobrinos de Klein es totalmente irrelevante.En marzo de 2014, 147 milmillonarios de la lista Forbes tenían una riqueza en su conjunto que ascendía a 2,6 billones de dólares. Eso significa que dos autobuses llenos de milmillonarios controlan la misma riqueza que, al menos, el 40 % del mundo.

¿Qué ocurre con la cuota de riqueza del 1 % de los más ricos si excluimos el decil más bajo?  Que no se aprecia ninguna diferencia real. Mientras que antes, el 1 % tenía un 48,1 % de la riqueza mundial, si excluimos el decil inferior ese porcentaje disminuye a un 47,9 %. Como vemos, no supone una gran diferencia.

Durante el período de un año, entre 2013 y 2014, los milmillonarios de la lista Forbes aumentaron su riqueza neta en más de 1 billón de euros; esto es, 1,5 veces más que la riqueza negativa del 10 % de la escala inferior.Ya vale de justificaciones. A favor de Salmon y Klein debo mencionar que ambos reconocen que la cuestión en su conjunto –la tendencia de concentración de la riqueza en manos de unos pocos– es preocupante. Podemos objetar los datos o los cálculos, pero esa tendencia sigue siendo cierta. Y lo que es aún más importante, las consecuencias de la concentración de la riqueza son potencialmente graves. En una entrevista, Branko Milanovic afirmó que: “Por razones políticas, la propiedad de la riqueza es importante. Si el capital no está apalancado, aunque usted tenga una buena vida, no será capaz de tener mucha influencia política”.

Y es precisamente esa relación entre riqueza y poder que solo beneficia a unos pocos lo que actúa en detrimento del resto.

Durante el fin de semana, el Financial Times hizo un cálculo similar a lo que acabo de presentar con resultados similares (el nivel de concentración de la riqueza no cambia drásticamente si excluimos a las personas con riqueza negativa), en el que también se afirmaba que la participación en la riqueza controlada por ese 1 % apenas varía. El artículo iba más allá y concluía que: “Puede que ni la cifra exacta de la riqueza que posee la élite mundial, ni el criterio de medición más o menos convencional empleado, sea demasiado importante. Los datos son una buena pieza de retórica diseñada para llamar la atención sobre algo con lo que muchos de los que están en Davos ya están de acuerdo, pero sobre lo que no pueden decidir qué hacer: el acceso a la riqueza en todo el mundo es intolerablemente desigual”.

Es una conclusión justa. Las opiniones sobre el uso de datos son siempre necesarias, pero el resultado global es el mismo: la concentración de la riqueza en la parte superior es extremadamente alta, eso no cambia. Y cada vez es mayor. 

Este artículo ha sido publicado originalmente en Mind the Gap, 26 de enero 2015.

Foto: Apartamentos para las clases medias acomodadas se elevan por encima de la vivienda insegura de un barrio pobre en Lucknow, India. Tom Pietrasik/Oxfam

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