¿Qué está en juego en la III Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo (#FfD3)? Desviar recursos públicos para promover la inversión privada.

En pocas semanas, Oxfam y otras organizaciones que trabajan para acabar con la pobreza y abordar la desigualdad en el mundo, participarán en los debates que tendrán lugar en la III Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo (#FfD3) de Addis Abeba sobre cómo se financiará el desarrollo internacional durante las próximas décadas. Pero, ¿qué es lo que realmente está en juego?

La III Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo en Addis Abeba es la primera de las tres importantes cumbres internacionales que se celebrarán este año. Tendrá un impacto significativo en la cumbre sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible que se celebrará en Nueva York en septiembre y en el acuerdo para la lucha contra el cambio climático que se alcanzará en la cumbre de París de diciembre. Se trata de un efecto dominó que determinará cómo se financiará el desarrollo y la lucha contra cambio climático durante los próximos 15 años.

Dinero público para servicios públicos

El éxito de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a la hora de luchar contra la pobreza y la desigualdad y mejorar la vida de las personas dependerá de la capacidad de la comunidad internacional para encontrar los fondos necesarios para lograrlo. Estos fondos pueden venir de diversas fuentes: de la Ayuda Oficial al Desarrollo, de los impuestos y del sector privado. Pero más allá de reunir el dinero necesario, los Gobiernos deben asegurarse de que estos fondos para el desarrollo se invierten en el bien público y no para beneficiar intereses privados.

Sin embargo, un peligro acecha en Addis Abeba. Actualmente existe un cambio de tendencia, tanto en los países ricos (donantes de Ayuda Oficial al Desarrollo) como en los países en vías de desarrollo, hacia la gestión privada de servicios públicos, como escuelas y hospitales. Esto significa que los servicios que son vitales para poner fin a la pobreza y la desigualdad están gestionados por instituciones cuya prioridad es el máximo beneficio y no el servicio público.

Este cambio de tendencia es preocupante. La financiación pública (que se obtiene principalmente a través de los impuestos) es importante no solo por aquello que puede financiar, sino por su funcionamiento en sí. Cuando pagamos impuestos esperamos algo a cambio de nuestros Gobiernos. Esta reciprocidad refuerza la relación entre los Gobiernos y la ciudadanía. Así, el Estado financia los servicios a salvaguardar: la sanidad, la educación y la seguridad social de su ciudadanía; servicios que el sector privado no debería sufragar.

¿Quién ha hecho los cálculos?

Peor aún, no existen evidencias que respalden este cambio de tendencia. Y, sin evidencias, no hay garantía de que usar financiación pública para conseguir inversores privados que mejoren la vida de los ciudadanos y ciudadanas funcione en la realidad. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (que precedieron a los Objetivos de Desarrollo Sostenible) se alcanzaron de la forma más eficaz gracias a la financiación pública.

El sector privado y sus inversiones son importantes para el desarrollo, y ciertamente tienen un papel que desempeñar. Sin embargo, los objetivos y procedimientos mediante los cuales se utilizan los cada vez más escasos fondos públicos para promover la financiación privada no siempre están en línea con los acuerdos internacionales de mejora de la calidad de la ayuda. A medida que la mencionada tendencia se fortalece, surgen cada vez más preguntas de dudosa respuesta. Aquí encontrarás algunas de las más inquietantes:

  • ¿Genera la financiación/inversión privada cambios positivos en las vidas de las personas? Las evidencias no son muy alentadoras. Los proyectos de ayuda gestionados por organizaciones privadas no siempre dan lugar a resultados positivos. El informe de Oxfam "Un desvío peligroso" muestra como un solo hospital privado en Lesoto está acaparando más de la mitad del presupuesto nacional para sanidad. Además, este cambio de tendencia también generaría otros costes, como cobrar tasas a los usuarios de las infraestructuras o los servicios de sanidad y educación, que las personas más pobres no podrían pagar.
  • Los países ricos deciden las prioridades de la agenda. A menudo, las iniciativas de inversión privada están basadas en las prioridades de los donantes o países ricos y no se adecúan a las necesidades de los Gobiernos, comunidades o empresas locales de los países en desarrollo.
  • ¿Dónde está el valor añadido? Las evidencias sugieren que muchos proyectos privados se podrían haber ejecutado incluso sin subvención pública. Un informe del Tribunal de Cuentas Europeo muestra que la mitad de los proyectos evaluados no necesitaba financiación pública. Por tanto, esto evidencia que se han desviado fondos de donde más se necesita al sector privado, para financiar servicios sanitarios, educativos e iniciativas de seguridad social.
  • Malas prácticas. Oxfam sabe qué puede pasar cuando la inversión privada no respeta los derechos humanos o el medio ambiente. En nuestro informe "El sufrimiento ajeno" documentamos los efectos negativos en comunidades y medio ambiente de muchos países en desarrollo, de la falta de supervisión y de la mala aplicación de las diligencias debidas por parte del brazo crediticio del Banco Mundial.
  • ¿Y las normas? A menudo, las normas para proteger a los trabajadores y el medio ambiente se aplican de forma insuficiente. Necesitamos principios de desarrollo sostenible legalmente vinculantes que todos los Gobiernos pudieran aplicar a todos los proyectos en los que se combine financiación pública y privada para garantizar la justicia social y medioambiental. También es necesario que los Gobiernos respeten los estándares ya existentes como los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos.

¿Qué proponemos para la #FfD3?

Para garantizar avances en el ámbito del desarrollo, nos centraremos en las siguientes medidas:

  • Reducir la desigualdad a través de la tributación progresiva y la financiación de servicios públicos.
  • La financiación del sector privado no debe reemplazar los compromisos existentes de los países ricos en Ayuda Oficial al Desarrollo.
  • Más regulación, rendición de cuentas y transparencia en las actividades del sector privado.
  • Trabajar para asegurar políticas más justas, tanto en el ámbito fiscal, como energético y agrícola, dirigidas a mejorar el bienestar de las personas más excluidas los países en desarrollo.
  • Impulsar un sector privado en el ámbito del desarrollo centrado en las pequeñas empresas y los pequeños productores, el empoderamiento a las mujeres emprendedoras, incentivar la creación local de empleos y fomentar la reducción de la desigualdad.

Para llevar a la práctica una agenda para el desarrollo sostenible post-2015 ambiciosa y transformadora, se requiere de un marco financiero inclusivo y sólido que incluya tanto a los países ricos como a los países en desarrollo. Esto dependerá de la voluntad política y de si las decisiones se toman en base a intereses egoístas a corto plazo o al mutuo beneficio a largo plazo.

2015 es un año crucial para el desarrollo, pero tendrá que dar lugar a acuerdos concretos que permitan avanzar en materia de financiación para el desarrollo para que podamos decir lo mismo de 2030.

Entrada publicada por Hilary Jeune (@hilaryjeune), asesora política de Oxfam sobre la Unión Europea, el 6 de julio de 2015.

Imágen: Una alumna escribe sobre una pizarra en la escuela primaria de la comunidad de Pamaronkoh en Calaba Town (Freetown, Sierra Leona). Fotografía: Aubrey Wade/Oxfam

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