República Dominicana: mujeres constructoras que cambian mentalidades

“Estoy satisfecha. En estos tres meses del curso he aprendido cuales son los problemas que puede provocar un sismo en un edificio mal construido. Ahora sé cómo técnicamente puedo evitar las grietas. Sin embargo, sigo disconforme con la discriminación a la que nos enfrentamos las mujeres en el sector de la construcción. En ocasiones nos han negado el acceso a la obra cuando han visto que no éramos arquitectas o ingenieras, sino mujeres maestras constructoras.” Estas fueron las palabras improvisadas de Sonia Calderón, cuando le pidieron que diera un discurso durante la entrega de diplomas del Curso Superior teórico- práctico de construcción y reducción de riesgo de desastres, dirigido a albañiles y maestros constructores de San Cristóbal (República Dominicana).

En San Cristóbal, así como en el resto del país, muchas de las viviendas, mejoramientos y adecuaciones, además de otras edificaciones menores, son construidas por un maestro de obras. Los albañiles y los maestros constructores muchas veces trabajan sin una previa capacitación formal; algunos aprendieron de otro compañero con mayor experiencia, otros construyen usando la técnica de la improvisación. Conscientes de la necesidad de ofrecer viviendas y edificios más seguros, 135 albañiles y maestros constructores del municipio de San Cristóbal recibieron durante tres meses un curso teórico-práctico para construir desde el enfoque de la prevención de riesgos.

La capacitación, organizada por el consorcio Oxfam, Plan InternationalHabitat para la Humanidad, con el apoyo de la Unión Europea, cuenta con el aval del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional de República Dominicana. Calidad y tipo de suelos, unidades de medida, buenas prácticas constructivas, normas de construcción nacionales, medidas de seguridad en obras, manejo adecuado de los materiales y herramientas, normas para instalaciones eléctricas y sanitarias, fueron algunos de los temas del curso. Estos 135 albañiles, que suelen ser quienes construyen las casas de sus vecinos, a partir de ahora las podrán hacer más resistentes a los desastres. Serán casas y comunidades más seguras y mejor preparadas ante un huracán, una inundación o un terremoto.

Sonia y Segunda trabajan en la cosntrucción (República Dominicana). Foto: Ana Paola van Dalen / Oxfam

Entre estos 135 albañiles, sólo tres eran mujeres: Sonia Calderón, Mary Calderón y Segunda Lorenzo. Para las tres fue el primer reconocimiento que reciben en toda su trayectoria profesional en materia de construcción. En República Dominicana ser mujer se vincula a condiciones de vida precarias, falta de reconocimiento de sus aportes y enfrentarse a una recurrente violación de sus derechos más fundamentales. El desempleo femenino es más del doble que el de los hombres (23% frente a un 9%), el pago por igual trabajo es 20% menor, casi el 40% de los hogares está encabezado por mujeres y el 51% de ellos se sitúa por debajo de la línea de pobreza. Un 36% de las mujeres no cuentan con ingresos propios, porcentaje muy por encima de los varones, que representa un 14%, según estadísticas publicadas por el Observatorio de Ejercicio Ciudadano de las Mujeres.

Sonia Calderón estudió derecho, pero desde hace cuatro años trabaja como maestra constructora en su barrio, Madre Vieja. Sonia decidió ampliar la casa de su madre, y fue entonces cuando se dio cuenta que levantar paredes le gustaba y además significaba una fuente de ingresos extra. Desde ese momento ha realizado algunas adecuaciones en las casas de sus vecinos. En cambio, Segunda Lorenzo lleva muchos años en el gremio, concretamente 22. En todos estos años ha realizado muchos y diversos tipos de construcción. Como ella explica, lo suyo “era puramente práctico, en el terreno. Pero ahora, gracias al curso, ya puedo leer planos. Incluso me he dado cuenta que la colocación de varillas, que yo creía que lo hacía correctamente, tiene una técnica específica. También he mejorado en la mezcla para vigas, zapata y losas”. Además, una mejor calidad en los materiales y las mezclas no siempre se traduce en mayores costes. Al contrario. “Aprendimos a calcular mejor las cantidades, y por eso ahora gastamos mucho menos en la compra de los materiales necesarios”, comenta Segunda.

En muchas ocasiones los hermanos de Segunda, que son copropietarios de la empresa constructora familiar, le han aconsejado que frente a los clientes actúe como si fuera ingeniera o arquitecta, algo a lo que ella se niega. “El primer respeto que me debo ganar es el de los albañiles que trabajan para mí en las obras que yo superviso”, explica. “Allí es donde yo trabajo diariamente.”

“A nosotras no se nos entregan obras porque somos mujeres, por eso no podemos ser independientes y montar nuestro propio negocio”, explica Mary. Foto: Ana Paola von Dalen / Oxfam

Por su parte Mary Calderón aún no se ha podido lanzar a la supervisión de equipos. Mary tiene 30 años y una niña de 9, Chiara. Su esposo, Jesús, vive en Estados Unidos y es 30 años mayor que ella. Jesús es maestro constructor, con toda una vida dedicada a la profesión. En sus viajes a República Dominicana acepta trabajos de remodelación de viviendas de sus vecinos que luego le traspasa a su esposa. “A nosotras no se nos entregan obras porque somos mujeres, por eso no podemos ser independientes y montar nuestro propio negocio”, explica Mary.

La desigualdad de género expone a las mujeres a un mayor riesgo frente a una amenaza natural, por ejemplo, las mujeres ocupan a nivel global el 65% de los empleos más vulnerables, caracterizados por la informalidad, lo que sugiere una mayor vulnerabilidad a la pérdida de medios de vida. Los huracanes, las inundaciones y los terremotos no son simplemente eventos extremos provocados por las fuerzas de la naturaleza, sino que también son expresiones de factores sociales que interactúan y aumentan la vulnerabilidad de la población.

Es por ello que un estudio elaborado por Oxfam y Plan International en República Dominicana en el 2013 centraba su mirada en cómo las relaciones de género inciden en la reducción de riesgos de desastres. Los roles tradicionales para hombres y mujeres, la división sexual del trabajo, el acceso desigual a los recursos, determinan la vulnerabilidad y participación de mujeres y hombres frente a los desastres. Pero más allá de su vulnerabilidad, las mujeres también juegan un importante papel en la reducción de riesgos de desastres. Sin embargo, la mayoría de las veces son más visibilizadas como “víctimas indefensas” más que como activos clave para enfrentar el próximo desastre.

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