El ojo del huracán; Matthew en Cuba

 

En 2008, los huracanes Gustav, Ike y Paloma dañaron más de medio millón de hogares en Cuba. Se les con­sidera los más devastadores en la historia de este tipo de eventos en el país. Cuatro años después, San­dy azotó la región oriental, dejando 11 víctimas mortales y unas 300,000 vivien­das perjudicadas, sobre todo en el segundo núcleo urbano del país: Santiago de Cuba.

Ante los eventos de 2008, Oxfam fue parte de un proyecto consorciado de rehabilitación socioproductiva de 78 cooperativas en Camagüey, Las Tunas y Granma. Luego de Sandy, Oxfam acompañó a gobiernos e instituciones técnicas locales en rehabilitar techos, equipar brigadas con herramientas de construcción e instalar recipientes para almacenamiento de agua segura en comunidades. Para hombres y mujeres como los habitantes de la comunidad Dos Palmas, el proceso sería también una restauración de la fuerza colectiva e individual. Una curación del alma.

La llegada de Matthew a esa zona, aún no recuperada del todo, ha vuelto a reabrir la herida.

Huracanes en Cuba

Los huracanes, la sequía y los eventos sísmicos constituyen los principales escenarios de riesgo humanitario en Cuba. Los tres tienen una alta probabilidad de impacto en la región oriental del país, y cualquiera de ellos puede desencadenar, a su vez, una alerta epidemiológica.

Como consecuencia de los desastres el país ha perdido más de 20 mil millones de dólares en los últimos 20 años. Aproximadamente 35% de las pérdidas económicas causadas por los huracanes desde 2008 se han registrado en el sector de la agricultura y 5% en el de la producción de alimentos.

Aunque el índice de pérdidas humanas es el más bajo del Caribe, el desafío sigue siendo fortalecer capacidades para prevenir estos escenarios y reducir los impactos que producen sobre la vida cotidiana de los cubanos y las cubanas.

La región oriental, considerada la de mayor vulnerabilidad social y económica del país, ha sufrido el paso de 42 de los 108 huracanes que se registre en Cuba desde el siglo XIX. Allí se concentran las mayores cifras de población dispersa, residente en asentamientos o caseríos; el mayor deterioro del fondo habitacional, sobre todo en zonas costeras; un sistema de reservas acuíferas gravemente afectado por la sequía más severa que se registre en los últimos 115 años; y altos registros de zika y dengue, sobre todo en Santiago de Cuba.

También allí tiene Oxfam sus principales escenarios de intervención.

Oxfam: fortaleciendo capacidades para disminuir riesgos

En Cuba, el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil conduce uno de los sistemas de prevención y respuesta a desastres más efectivos de la región. Ante cada emergencia, es responsable de emitir indicaciones metodológicas y resoluciones a participantes en todos los niveles de la administración pública y el gobierno.

A lo largo de todo el país, más de 100 Centros de Gestión y Reducción de Riesgos hacen estudios de peligro, vulnerabilidad y riesgo a nivel local, y unos 300 puntos de alerta temprana permiten obtener información oportuna para la toma de decisiones.

Durante más de 20 años de presencia ininterrumpida en el país, Oxfam ha acompañado, aprendido y fortalecido esa capacidad de autoridades, organizaciones y comunidades. Con una ejecución de cerca de 5 millones de euros solo en la última década, ha contribuido a equipar 27 de esos Centros de Gestión y 91 puntos de alerta. Su respuesta ha propiciado que:

  • Más de 5,000 personas hayan sido beneficiadas con techos rehabilitados total y parcialmente.
  • Más de 6,000 kits básicos (higiene, cocina) hayan sido entregados a familias afectadas.
  • Más de 1,000 puntos de agua segura hayan sido instalados.
  • Más de 50 brigadas de construcción hayan sido equipadas.
  • Más de 15,000 personas de instituciones, comunidades y cooperativas hayan visto fortalecidas sus capacidades para la gestión y reducción de riesgos.

Las mujeres han estado en el centro de esos procesos

Durante la respuesta a Sandy, se calcula que más del 80% de quienes participaron de los diagnósticos de daños fueron mujeres. Ellas estuvieron más representadas en los puestos de dirección activados en las comunidades, mediaron procesos de comunicación y rendición de cuentas entre los gobiernos locales y las y los beneficiarios de la asistencia humanitaria, y asumieron un liderazgo en el control de los recursos entregados a poblaciones vulnerables.

El desafío, no obstante, estaría en conseguir que esos planes de gestión y reducción de riesgos reconozcan y focalicen aún más las necesidades diferenciadas de las mujeres y las niñas en escenarios de desastre, y que conduzcan políticas públicas igualmente diferenciadas según impactos.

Con esos lentes sigue Oxfam el paso de Matthew por Cuba.

Una vez fuera de territorio cubano, la evaluación de daños marcará la respuesta necesaria. Pero el foco, otra vez, estará en la gente. Ante un clima cada vez más desafiante, los bienes materiales no hacen la adaptación: son las personas las que hacen el cambio. La verdadera fuerza en el ojo del huracán.

 

Foto: @labaracoesa

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