¿Por qué América Latina necesita ciudades inclusivas?

Blog mensaje deSebastián Serrano

Oxfam International, Oficial de Influencia y Calidad de Programas de Emergencia
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De acuerdo a la ONU, para el año 2030 seis billones de personas vivirán en centros urbanos y 6 de cada 10 personas vivirán en ciudades. De este crecimiento, el 90% corresponderá a ciudades de África, Asia, América Latina y el Caribe.  Eso significa que las ciudades de países en desarrollo se verán inmersas en un sinnúmero de desafíos concernientes al acceso a servicios básicos, inclusión, mejores empleos, cultura, no sin dejar de mencionar en un contexto cada vez más marcado por el cambio climático, los flujos exacerbados de información y la informalidad.

Cada vez más personas carecen de servicios básicos

A la par de Habitat III, -la conferencia internacional sobre urbanización en el mundo en desarrollo- organizada por las Naciones Unidas en la ciudad de Quito durante estos días, Oxfam Ecuador mantiene un equipo de respuesta ante la emergencia producida por el terremoto del 16 de abril del 2016 en las zonas costeras afectadas. Los esfuerzos de Oxfam se han concentrado en la rehabilitación de sistemas de agua, asegurando la provisión de agua segura a algunas de las comunidades más vulnerables y la promoción de la higiene para evitar lo proliferación de enfermedades.

Una de las principales reflexiones que nos hemos planteado a partir de nuestra intervención, ha sido de que el terremoto del 16 de abril destapó un problema latente en la región: la carencia de servicios de agua potable y saneamiento de las comunidades y su vulnerabilidad ante eventos adversos.

Menos del 60% de las poblaciones costeras tenían antes del terremoto acceso a agua potable y sistemas básicos de saneamiento. Las principales zonas de intervención de Oxfam son comunidades periurbanas de Pedernales, -muchos de ellas se podrían considerar como suburbios- mismas que proliferaron con el crecimiento poblacional de los centros urbanos más cercanos.

El desarrollo urbano –léase crecimiento de las ciudades- impele a la creación proliferante de suburbios cuyos asentamientos son previos a cualquier proceso de planificación y por tanto, carecen de los servicios básicos como la provisión de agua segura y saneamiento adecuado. La ONU estima que más de un billón de personas que viven en los suburbios en el planeta, carecen de agua limpia y saneamiento básico.

Las ciudades deben integrar a la población

Sin duda el detrimento del sector agrícola ha obligado a muchas personas a buscar mejores alternativas de subsistencia cerca de las ciudades. Si sumamos a esto los altos precios que representa para muchas personas de bajos ingresos el habitar dentro de ellas, entendemos el por qué de los suburbios y por lo tanto, de asentamientos que son más vulnerables a los terremotos, inundaciones, sequías, etc.

En este sentido, nos preguntamos si más allá de la ausencia de una planificación urbana que evite el crecimiento improvisado y desmedido, las ciudades latinoamericanas no están considerando un elemento definitivo: la inclusión. 

Los procesos de planificación deberían tener componentes participativos y partir de lo que existe. Sin duda, uno de los criterios que ha surgido para la nueva agenda en Habitat III ha sido la de pensar las ciudades para que sean centros más densamente concentrados y con servicios adaptados a la población que involucren su propia identidad cultural.

Planificar para lograr ciudades inclusivas

Ahora bien, no basta con atenuar las deficiencias de las ciudades. Es importante re-pensar las ciudades en tanto espacios de cohabitación y convivencia humana, en donde los hombres, mujeres, niños y niñas ejercen sus plenos derechos y su voz es escuchada. No solamente aplicar mejores métodos de construcción que cumplan con la normativa vigente (que en el largo plazo resultan menos costosos a la hora de un terremoto por ejemplo) y reconstruir cuando sea el caso con todos los servicios básicos, sino tomar en cuenta en los procesos de planificación urbana la inclusión de todos los segmentos de la población y pensar en formas en que la población ya de por sí excluida –por ejemplo la que se encuentra en las afueras o suburbios urbanos- cuente con mecanismos de interacción con el resto de la población a través del transporte, la cultura, el empleo y todas las dinámicas de las ciudades.

En el caso de Pedernales, resulta fundamental que la población participe de los nuevos sistemas en construcción, tanto habitacionales como de provisión de agua segura.

La cohesión ayuda a enfrentar las crisis

En cuanto al avenir de las ciudades, el cambio climático sin duda acentuará las vulnerabilidades de las poblaciones más excluidas. Sin embargo, si pensamos en ciudades más inclusivas y solidarias en cuanto a su planificación territorial y urbana, con servicios básicos, los eventos naturales causarán menores pérdidas de vidas humanas y materiales. No solamente porque existiría una infraestructura apropiada y digna, sino porque la cohesión social basada en la inclusión, sería más fuerte y permitiría sobrellevar cualquier crisis.

Por otro lado, aplicar estos criterios exige mantener una economía más al alcance de todos, con ingresos distribuidos más equitativamente y lo que a nivel territorial y político permitirá a los gobiernos locales disponer de mayores recursos para beneficio de toda la población.

La solución parte de lo político y vemos a partir de Habitat III que las alternativas están sobre la mesa. Nos preguntamos entonces si después del documento de Quito, seremos capaces de construir mejores ciudades, más inclusivas y por lo tanto, más resilientes y solidarias.