Irma: el huracán de la desigualdad

Blog mensaje deAsier Hernando

Oxfam International, Subdirector regional de Oxfam en Latinoamerica y el Caribe
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Han sido unos días frenéticos, y todavía seguimos las consecuencias del Irma en Estados Unidos porque las víctimas no tienen pasaporte color u origen, son víctimas por igual. Pero tienen algo en común en América Latina y también en el resto del mundo: las personas más vulnerables a los desastres naturales son las que más sufren pobreza. Es el caso de Estados Unidos, como de México, Haití o República Dominicana. Lo vemos con cada terremoto, con cada huracán o con cada sequía.

Ser pobre en la región, supone trabajar muchísimo con un sueldo de miseria, especialmente para las mujeres. También supone tener la condena de vivir en zonas expuestas a fenómenos climáticos porque es lo único que puedes pagar, para ti y para tus hijos. Supone vivir en una vivienda que ante un terremoto te puede matar, pero que es la vivienda que te permiten tus ingresos. En Haití, el país más vulnerable de la región, únicamente el 1,8% del PIB va destinado a la protección social.

A todo esto se suma el hambre, porque en América Latina es difícil pagar la canasta básica para muchos ciudadanos y ciudadanas, aún cuando tengan más de un trabajo. En México por ejemplo el salario mínimo sólo permite comprar un 33% de los alimentos básicos necesarios para vivir y  esto incrementa las posibilidades de adquirir enfermedades por tener las defensas más bajas.

Ser pobre en América latina durante de un desastre natural significa perder tu cosecha y que nadie te reponga porque no tienes seguro agrícola. Entonces es necesario comenzar de cero, sabiendo que el año que viene pueden venir otros huracanes iguales con la probabilidad de que lo vuelvas a perder todo una vez más.

En medio de estas presiones,  escuchar a las autoridades obligarte a desalojar tu lugar ante la cercanía del huracán crea un conflicto muy difícil: si te vas  te podrán robar todo, y se quedas te puedes morir. En Haití muchos decidieron quedarse. Esta vez hubo suerte.

Por otro lado, en toda respuesta humanitaria es fundamental reforzar las medidas para la seguridad de las mujeres, y se hace menos de lo que se debe.  Para las mujeres, sufrir las consecuencias de un huracán o un terremoto incrementa las posibilidades de ser violadas en los albergues, muchas veces delante de sus hijos.

Irma ha sido el huracán más grande de la historia en el Atlántico ha causado ya 30 muertes en el Caribe –hasta el momento de cerrar el artículo-  y ya lleva tres personas en Florida, pero podrían haber sido mucho más  si se hubiera acercado a la costa norte de Haití como lo hizo con Cuba, uno de los países más preparados del mundo.

Desde Oxfam estamos todo el año trabajando con diferentes organizaciones de la sociedad civil del Caribe y Centroamérica en su preparación ante el posible impacto de huracanes, porque el trabajo hay que hacerlo antes de que ocurran los desastres. Para los momentos de respuesta contamos con equipos preparados en Cuba, Haití y República Dominicana. En el caso del Caribe, nos enfocamos principalmente en salvar vidas, y  proveer agua, saneamiento y alimentación.

Pero sufrimos, porque son la desigualdad, la falta de un salario digno en países con riqueza, la escasez de políticas de vivienda digna para los pobres donde hay cientos de hoteles de lujo, la falta de planificación urbana que permita a toda la población vivir en zonas seguras y limpias, o una política fiscal que garantice recursos para invertir en preparación e infraestructura ante desastres, lo que pega más fuerte que los huracanes.  Revertir esto es lo que evitará más muertes ante unos fenómenos cada vez más recurrentes.