Historias de resiliencia en Cuba tras el paso de huracanes

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Oxfam apoyó en 2016, luego del huracán Matthew, a más de 3000 familias en la recuperación de sus condiciones de habitabilidad y vida en Baracoa y Maisí, Guantánamo. Un año después, el programa comenzado en estas zonas continúa. A partir de las experiencias cosechadas en este tiempo la organización proyecta su respuesta al paso de otro huracán, Irma, por la costa norte de 13 de las 15 provincias cubanas.

Por la bahía de Mata salió el 4 de octubre de 2016 el huracán Matthew, de categoría 4 en la escala de Saffir-Simpson, el más potente y devastador registrado en el territorio hasta entonces. Según datos compartidos por la prensa nacional, 42 338 viviendas fueron afectadas por el fenómeno hidrometeorológico, las cuales representan el 72 % del fondo habitacional de los cinco municipios más duramente golpeados: Baracoa, Maisí, Imías, San Antonio del Sur y Yateras.

Unas diez horas con rachas de vientos alcanzaron los 300 kilómetros por hora, intensas lluvias e inundaciones. En las 9 comunidades de Mata-Guadao y hacia Maisí, la gente dice que aquello fue “terrible”, “tremendo”, el ruido era “ensordecedor” y “daba un susto…”. Los adjetivos, las impresiones, se repiten una familia tras otra. Hayan pasado la jornada en sus casas, en cuevas cercanas, en instituciones gubernamentales, iglesias o viviendas de vecinas y vecinos la sensación fue la misma: nadie había visto cosa así. “Irma no fue tan grande en esta zona”, afirman.

Al día siguiente las siembras de coco, cacao y café estaban en el piso, las casas destruidas, las pertenencias que no fueron bien resguardadas, perdidas: “lo que nos ha pasado fue criminal. No pensábamos que eso iba a ser así. Yo tenía mis cositas, pero no me quedó nada”, cuenta Migdalia, una mujer con discapacidad auditiva.

Respuesta coordinada

la organización concibió un programa de respuesta en dos fases: la primera garantizaría condiciones de habitabilidad y vida a las familias de Mata-Guandao; la segunda se propone la rehabilitación y colocación de 500 techos seguros en esta zona, así como la instalación de cinco plantas potabilizadoras de agua en Maisí. Esto fue posible gracias a los fondos recibidos (Colaboración Suiza para el Desarrollo - Cosude, Gobierno de Canadá, Gobierno de Luxemburgo, Asociación Cuba-Luxemburgo, Save the Children, provincia belga West Vlaanderen, y fondos propios de Oxfam).

Ahora en el territorio se están rehabilitando 500 techos de hasta 70 m2: uno de los fines del proyecto es “declarar una comunidad segura”, por eso “no se puede instalar techos a viviendas que no resistan fuertes vientos”. Ese es el primer criterio para la selección de las familias beneficiadas: que las paredes de la casa no tengan daños estructurales severos, que no se construya en escenarios que multipliquen riesgos. El segundo está relacionado con vulnerabilidades sociales, pues se priorizan viviendas donde las mujeres sean jefas de hogar, estén al cuidado de familias numerosas, niñas y niños pequeños, personas ancianas o con discapacidad.

Historias de Resiliencia

Para Mireya, líder comunitaria, los elementos más importantes fueron el filtro y el colchón: muchas personas perdieron los colchones con las intensas lluvias después del huracán y “aquí casi nadie tenía posibilidades de tener un filtro para consumir agua segura”, explica.

Desde Maisí, Ramiro Montero, presidente del consejo popular Sabana, cuenta de las dificultades que tienen en el territorio con el agua: los ciclos pueden ser muy espaciados las fuentes de abasto son superficiales. Si llueve, la calidad del agua es pésima, si hay seca, casi desaparecen.

Agua y reconstrucción

Para aliviar esta situación, Oxfam acompaña la instalación de cinco plantas potabilizadoras que mejorarán los accesos a agua segura de más de mil familias en cuatro comunidades. Capacitaciones sobre estos temas complementarán el proyecto.

Desde Mata-Guandao hasta Maisí las experiencias con el paso del Matthew sobrecogen. Los árboles arrancados de raíz, las montañas desoladas, dejaban sin palabras. Poco a poco comienzan a construirse nuevas historias. Este también es el desafío de Oxfam tras el paso de Irma: acompañar, junto a actoras y actores locales, la cimentación de comunidades más seguras.