Caso Polochic en Guatemala. 355 motivos para celebrar y 414 para no bajar la guardia

Entrada escrita por Valentín Vilanova García, de la Unidad Internacional de Campañas, Oxfam Intermón (Oxfam en España)

En 2011, 769 familias fueron desalojadas de sus tierras en Guatemala acusadas de ocupar tierras propiedad del ingenio Chabil Utzaj, en el Valle del Polochic, una zona en la que las familias indígenas guatemaltecas vienen siendo despojadas de sus tierras desde hace demasiados años. Para defender los derechos vulnerados de esas familias, el Comité de Unidad Campesina-CUC junto con las comunidades consiguieron llevar el caso al Comité Interamericano de Derechos Humanos y arrancar al entonces presidente Otto Pérez Molina el compromiso de entregar tierras a las familias afectadas. A pesar de toda la movilización ese compromiso cumplía años sin que ninguna acción positiva se llevara a cabo.

Historia de una lucha colectiva por los derechos sobre la tierra

Así, a principios de 2013, se inicia una gran movilización nacional e internacional en torno a este caso. Se pedía al Gobierno de Guatemala pasar a los hechos y comenzar a entregar tierras a las familias afectadas. Se ampliaron las alianzas iniciales tanto a nivel nacional como internacional (Vía Campesina, FONGI, CIFCA, OACNUDH), se recabaron apoyos de artistas y personalidades guatemaltecas con Rigoberta Menchú (líder indígena guatemalteca y Premio Nobel de la Paz) como referente, se llevaron a cabo investigaciones rigurosas y denuncias de la situación en la prensa nacional e internacional, se realizaron conciertos y actos de calle en Guatemala y otros países.

Fruto de todo ello se logró que más de 107.000 personas de 45 países solicitaran con su firma que comenzara cuanto antes la entrega de tierras a las familias. Y los justos deseos se hacían realidad en octubre 2013, cuando las primeras 140 familias fueran instaladas en las fincas de Sactelá y San Valentín. Esta primera victoria era el fruto de un esfuerzo sistemático de incidencia de decenas de organizaciones, entre las que se encontraba Oxfam.

Siguieron más tarde nuevas entregas. En julio de 2016 fue el turno de 81 nuevas familias, que fueron realojadas en la finca Polochic II; y justo hace unos días continuaban las reinstalaciones, con 134 nuevas familias en dos fincas.  El hecho de que el nuevo presidente, Jimmy Morales, haya retomado el dossier de los compromisos pendientes del Gobierno de Guatemala es en sí una buena noticia. Con todo, a día de hoy, son 355 las familias con tierras, lejos aún de las 769 violentadas en 2011.

El acaparamiento de tierras: una problemática mundial en auge

 Pablo Tosco/Oxfam

Si Polochic lo vemos aislado en el tiempo y en el espacio podríamos discutir si el vaso está medio lleno o medio vacío, porque cierto es que más de la mitad de las familias siguen sin tener acceso a tierras. Ahora bien, si ampliamos el foco y miramos Guatemala en su conjunto −o Centroamérica, Latinoamérica o el mundo entero− mucho nos tememos que los modelos económicos imperantes generan muchos más “casos Polochics” de los que resuelven. La necesidad de tierras para megaproyectos, minerías, monocultivos de agroexportación, etc. no deja de crecer en Guatemala (y en el mundo) y en esa batalla por la tierra, ante la mirada hacia otro lado de los gobiernos, nunca pierde el poderoso; la cuerda se rompe siempre por su parte más débil y pierden por tanto la población indígena Q’eqchi’s, las comunidades afrocolombianas en el Chocó o los pastores trashumantes de Níger.  

América Latina es la región más desigual del mundo en reparto de tierras

La concentración de tierras es una de las expresiones más dramáticas de la desigualdad y en Guatemala las ratios son preocupantes: según el último censo de tierras disponible, llevado a cabo en 2002, el 78% de la tierra cultivable estaba en manos del 8% de los productores/as. Mientras tanto, sus legítimos poseedores, en su mayoría poblaciones indígenas, han sido desposeídos de sus tierras y viven en unas condiciones alimentarias y sociales muy lejanas de la mínima dignidad humana. El respeto a la propiedad privada se esgrime como el gran principio civilizador, sin importar que la población del Polochic viva la pesadilla diaria de la desnutrición crónica. Es más, las voces que se alzan son acalladas, judicializadas o directamente eliminadas con asesinatos selectivos que raramente terminan enjuiciando al culpable.

Continuamos exigiendo justicia para las familias indígenas de Polochic: quedan 414

A día de hoy, gracias al esfuerzo coordinado de la sociedad nacional e internacional, el caso de Polochic no permanece olvidado en algún cajón de algún despacho de la casa presidencial en la capital guatemalteca y prueba de ello son los títulos de propiedad de estas primeras 355 familias guatemaltecas. Pero la tarea no ha concluido, debemos exigir que las 414 familias que faltan tengan también sus tierras, así como que todas las fincas donde están siendo las reubicaciones tengan condiciones de mínima habitabilidad. Los testimonios de las personas que recibían sus tierras estos días son el mejor ejemplo: iniciaron la lucha juntos y no desistirán hasta que el gobierno entregue tierras a la totalidad de las familias.

Este caso debe cerrarse exitosamente y extraer aprendizajes para que otros contenciosos similares en el país puedan avanzar hacia soluciones pacíficas y contribuir así a construir una nueva Guatemala donde la vida humana esté por delante de la propiedad privada. Si logramos levantar esa ola de justicia, el esfuerzo titánico de estas 769 familias, del CUC, de las organizaciones amigas y de las decenas de miles de personas que firmaron y que se movilizaron por las 769 familias abandonadas en la cuneta, habrá merecido la pena.

Además, continuaremos haciendo campaña para que las instituciones internacionales más influyentes que trabajan en la región, gobiernos y empresas sitúen el reto de la desigualdad en el acceso y control de la tierra en el centro del debate sobre cómo reducir la desigualdad. 

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