Mejorar la gestión del agua en Cuba : reto conseguido

Entrada escrita por Celia Medina, colaboradora de Oxfam en Cuba.

Abelardo Leyva Caballero, líder comunitario, camina sin prisas por el Reparto Abel Santamaría, asentamiento urbano ubicado al sureste de la provincia Santiago de Cuba, escenario que ha sido golpeado históricamente por los efectos de la sequía. Como parte de sus funciones, algunas de las quejas más recurrentes que recibe tienen que ver con el agua: lo espaciado de la frecuencia del servicio a través de la red pública, los salideros, el peligro que significa para la salud mantener depósitos sin tapar, etc.

La situación del agua, luego del paso del huracán Irma en septiembre de 2017, ha mejorado. Sin embargo, no hay que confiarse: “porque tengamos agua en este momento, no vamos a derrocharla. Santiago de Cuba es una ciudad que tradicionalmente ha tenido problemas con el agua. Somos un país con problemas de sequía. El agua es vida. Por tanto, tenemos que cuidarla”, explica Don Abelardo.

Las soluciones para afrontar los efectos de la sequía han sido diversas y han dependido de la creatividad o las posibilidades de las familias como, por ejemplo, enterrar tanques en los patios comunes de los edificios, o en los balcones y espacios interiores. Se inventan los más variados e ingeniosos depósitos para acumular agua, pero esto resulta difícil, porque los apartamentos a veces no tienen el espacio suficiente para acomodar a personas y recipientes para el agua; o en muchos casos la familia es extensa y es muy complicado tener la reserva de agua suficiente para todos.  

De este modo, se hace imprescindible la capacitar a la población para que sea consciente de los riesgos asociados al fenómeno de la sequía. En esta dirección se orientó el proyecto Fortalecimiento de las capacidades locales para la resiliencia a la sequía a fin de reducir sus impactos en el suministro de agua a la población en Cuba, que propone contribuir a un sistema de capacitaciones a nivel nacional para que la población y las instituciones puedan sean más resilientes ante los efectos de la sequía; la adaptación y respuesta a este fenómeno; y la mejora del acceso sostenible al agua a nivel comunitario en el centro urbano.

Un manual de buenas prácticas, que recoge experiencias de manejo eficiente de agua a lo largo y ancho del país, y un audiovisual que consigue trenzar diálogos entre especialistas, agricultoras y agricultores o personas afectadas por la sequía, amplifican la difusión de buenos resultados. La labor llevada a cabo en las escuelas con niñas y niños promotores o la evaluación de las necesidades de la población para la instalación de formas sencillas de atenuar los efectos de la sequía, como aljibes o bombas manuales, han logrado grandes resultados.

Este proyecto ha sido financiando por la Dirección de Operaciones de Ayuda Humanitaria y Protección Civil Europeas (ECHO), e implementado por el Instituto de Recursos Hidráulicos, la Universidad de Oriente, la Cruz Roja Cubana y un consorcio de organizaciones no gubernamentales: Movimiento Por la Paz (MPDL) y Oikos, que lideran la iniciativa, a la que se suman Oxfam, Care, Cisp, Mundubat y GVC.

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