La desigualdad

Geneviève Morency

Este blog ha sido escrito por Geneviève Morency, y es el segundo de tres blogs ganadores de nuestra competición Blog Action Day 2014. Fue publicado originalmente en francés. La autora, Geneviève Morency, trabaja para Oxfam Quebec en Honduras como asesora de seguimiento, evaluación y aprendizaje.

Desde 2007, el 16 de octubre se celebra el Blog Action Day, un día en el que blogueros, fotógrafos y otros usuarios de las redes sociales de todo el mundo se reúnen de forma virtual con el objetivo de generar un debate sobre un tema concreto. En la edición de 2014, el debate se ha centrado en la desigualdad. Ésta es mi reflexión sobre el tema.   

Hace poco, Oxfam ha publicado que “la fortuna de las 85 personas más ricas del mundo es equivalente a la de la mitad más pobre de la población mundial”. Sabemos que el mundo dispone de recursos suficientes para alimentar a los 7.000 millones de personas que habitan el planeta, y sin embargo 842 millones de ellas padecen hambre crónica. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reveló que “las disparidades en el nivel de vida se están acrecentando en un gran número de países económicamente avanzados, en los que las regiones más pobres tienen dificultades para ponerse a la altura del resto. De acuerdo con un nuevo estudio de la OCDE, en la mitad de los 34 países miembros de la organización, la desigualdad de ingresos entre su región más competitiva y su región menos  desarrollada se ha incrementado.”

Cuando hablamos de desigualdad económica, ya sea sobre las diferencias de riqueza entre las personas más acaudaladas y las más pobres dentro de una provincia, país o región, o sobre la desigualdad entre los distintos países, debemos plantearnos las siguientes preguntas: ¿por qué esas disparidades persisten y se incrementan?; ¿qué se puede hacer para corregir estos desequilibrios?

Desigualdad de nacimiento

En mi opinión, un elemento fundamental que hay que tener en cuenta en el debate sobre la desigualdad es la “dotación” inicial. Esther Duflo, economista, cofundadora y directora del Laboratorio Abdul Latif Jameel Poverty Action y profesora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) explica perfectamente este concepto: “Cuando era niña, me turbaba enormemente el hecho de haber tenido la extraordinaria suerte de nacer en París, en una familia intelectual de clase media, cuando podría haber nacido en Chad. Es una cuestión de suerte. Y conlleva una responsabilidad”.

La dotación inicial está definida por las características iniciales con las que nacemos, por ejemplo el lugar donde venimos al mundo, nuestro género, el tipo de legislación vigente, los recursos disponibles, los sistemas de salud y educación a los que tenemos acceso y la clase social a la que pertenecen nuestros padres. La dotación inicial determina en qué círculo nos moveremos. Una persona nacida en una familia de ingresos medios, muy por encima del umbral de la pobreza, y con acceso al sistema educativo y a atención sanitaria, vivirá más tiempo y contará con todos los recursos necesarios para asegurarse un porvenir en idénticas condiciones, así como para garantizar que sus hijos no vivan en la pobreza. En cambio, una persona que nazca en una familia con escasos ingresos, donde el acceso al sistema educativo sea difícil y el acceso la la atención sanitaria limitado, tendrá una esperanza de vida menor y, en la mayoría de los casos, será complicado que logre romper el círculo de la pobreza y que verdaderamente mejore su situación, por mucho que se esfuerce y trabaje. Dado que las condiciones en que nacemos determinan en gran medida en qué clase económica nos moveremos, para reducir las desigualdades debemos por tanto dirigirnos al origen del problema y a la situación de base de la que todos partimos. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), establecidos en el año 2000 por los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas, han contribuido a reducir determinadas condiciones de precariedad en que viven las poblaciones más pobres. Los objetivos de la Agenda Post-2015 (continuación de los ODM), que se están elaborando en este momento, deberían priorizar la reducción de la desigualdad en el marco del objetivo de erradicación de la pobreza extrema.

Desigualdad de recursos

El segundo factor al que me gustaría referirme es la escasez de recursos, que en cierto modo dificulta la consecución del objetivo de equidad para todas las personas. La desigualdad ha estado presente a lo largo de la historia, en todas las épocas y en la mayor parte de las sociedades y de los modelos que han existido. No cabe duda de que las desigualdades están vinculadas al hecho de que los recursos son escasos, y de que dicha escasez implica que los recursos menos abundantes tienen más valor. Así, determinados productos y servicios sólo están al alcance de aquellas personas dispuestas a pagarlos. Por lo tanto, puede darse una cierta desigualdad, en la medida en que la escasez de los recursos hace imposible alcanzar una igualdad total entre todos los individuos, al menos en el marco del sistema en que vivimos actualmente. En este contexto, ¿cómo identificar cuál es el nivel “aceptable” de desigualdad y cuáles son los productos y servicios en los que no debería haber desigualdad?; ¿cómo abordar, al menos, una reducción de las desigualdades a corto plazo?

El problema actual, contra el que hay que tomar medidas, es que la desigualdad económica se está acentuando. La pregunta a la que debemos dar respuesta en este momento es ¿cómo superar este desequilibrio?; ¿cómo revertir la tendencia actual y reducir la desigualdad?; ¿qué podemos hacer, como ciudadanos de clase media de un país desarrollado, para contribuir a reducir la desigualdad económica?

Existen soluciones concretas posibles

Existen varias medidas y soluciones concretas posibles. Un ejemplo, que he escuchado ya en distintas ocasiones (entre otros, a François Hollande durante la campaña presidencial), es establecer un salario máximo. Es decir, que el dirigente de una empresa pública sólo pueda ganar diez veces más que el trabajador con un salario más bajo. Aumentar la presión fiscal sobre las personas más ricas serviría tanto para reducir la desigualdad como para recaudar ingresos de las personas más ricas.

Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, propone otras soluciones, como garantizar la mejora del sistema financiero a fin de evitar la evasión y la elusión fiscal, invertir en programas que garanticen el acceso de todas las personas a la atención sanitaria y la educación, garantizar un salario mínimo y el respeto a los derechos humanos en el entorno laboral o favorecer que mujeres y niñas tengan oportunidad de acceder a la educación.    

Por supuesto, no existen soluciones milagrosas, ni tampoco una forma rápida y sencilla de solucionar este problema. No obstante, considero que, poco a poco, con una amplia participación ciudadana podemos lograr que se pongan en marcha medidas concretas. En primer lugar, es necesario leer sobre el tema y reflexionar, a fin de evaluar si las políticas de empresas, ayuntamientos y Gobiernos promueven o no la igualdad. También es necesario que cuestionemos nuestra actitud y nuestras acciones, y que seamos críticos en este sentido. Para que nuestras acciones cobren impulso, hay empezar poco a poco, a pequeña escala. Debemos hacer un llamamiento a nuestros dirigentes, aunque a veces parezca difícil transmitirles de manera clara nuestras opiniones y los cambios que deseamos que ocurran.

Tu puedes ayudar

Poco a poco, paso a paso, todos y cada uno de nosotros podemos contribuir a reducir la desigualdad.

  • Comparte este artículo, toma conciencia de los debates y artículos sobre desigualdad, y únete el próximo 30 de octubre al movimiento con el que Oxfam Internacional pretende llamar la atención de todo el planeta, reuniendo en las redes sociales al mayor número de personas posible para denunciar la desigualdad extrema.
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