Una cumbre crucial de camino a París

Puede que, en un principio, no se te haya ocurrido, pero la III Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo (#FfD3) podría ser un primer paso clave hacia la consecución en París de un acuerdo para mantener el calentamiento global por debajo de los 2 °C. Aunque la mayor parte de la conferencia estará centrada en cómo se financiarán los países en desarrollo de cara al futuro, otra cuestión que planea sobre la conferencia es cómo sufragar el enorme coste de la lucha contra el cambio climático, especialmente el de la adaptación de los países a sus efectos). Y es que esta conferencia no podría llegar en un momento más oportuno: justo seis meses antes de las importantes negociaciones internacionales sobre la lucha contra el cambio climático que tendrán lugar en París a finales de este año. 

El coste del cambio climático

Los efectos del cambio climático suponen un importante coste adicional en los presupuestos nacionales. Y a pesar de que el precio de la energía limpia está disminuyendo (lo que abarata la transición de los países a un modelo de desarrollo libre de emisiones), el gasto que supone adaptarse a los efectos del cambio climático se incrementa rápidamente. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que el coste de la adaptación a los efectos del cambio climático en los países más pobres aumentará hasta los 50.000 millones de dólares anuales en 2025/2030. Incluso ahora, antes de que se empiecen a sentir con crudeza los efectos del cambio climático, los países están pagando de su bolsillo el coste de hacer frente a sus primeras consecuencias. Por ejemplo, cada año, Tanzania invierte en medidas de adaptación el triple de los fondos que recibió de los países ricos entre 2010 y 2012 para la lucha contra el cambio climático, y Etiopía, el doble. 

Pero ¿quién paga las consecuencias? 

Se trata de una cruel injusticia. A pesar de no haber contribuido a esta crisis climática, los países más pobres son quienes más sufren sus consecuencias. Y por si esto no fuera suficiente, los fondos que los países ricos otorgan a los países pobres para enfrentar los efectos del cambio climático a menudo suelen venir de los presupuestos de Ayuda Oficial al Desarrollo, por ejemplo, asegurando que los programas agrícolas tengan en cuenta los efectos del cambio climático o redirigiendo fondos destinados a la ayuda hacia nuevos programas de lucha contra este fenómeno. En conclusión: se proporcionan muy pocos fondos adicionales. A pesar de que durante los últimos años los fondos para combatir el cambio climático han incrementado, esto ha producido un estancamiento del nivel de provisión de ayuda. En 2013, los fondos destinados a la lucha contra el cambio climático mediante acuerdos bilaterales ya representaban el 17% de la Ayuda Oficial al Desarrollo bilateral. 

Necesitamos nuevos fondos para financiar soluciones a un nuevo problema

¿Y qué tiene que ver esto con la #FfD3 en la que la lucha contra el cambio climático apenas se mencionará? A pesar de la reticencia de los negociadores a abordar este tema tan crucial, esta conferencia podría contribuir a restaurar la confianza en las negociaciones sobre el clima de París, que tendrán lugar a finales de año.

No es que incorporar la lucha contra el cambio climático en la ayuda al desarrollo sea algo negativo. De hecho, la conferencia debería poner fin a los flujos de ayuda que no integran la realidades del cambio climático, pues los programas que no tengan en cuenta el aumento de las temperaturas de 0,8 °C del que ya estamos siendo testigos serán irrelevantes en un futuro no muy lejano. Pero, aunque integrar la lucha contra el cambio climático en la financiación para el desarrollo sea positivo y contribuya a que las personas puedan mejorar sus vidas, no se puede ignorar que se necesitan nuevos fondos adicionales. 

Y, sí, también se necesita más financiación pública de los llamados "nuevos contribuidores": economías emergentes que, tal y como algunas ya lo están haciendo, deberían asumir su responsabilidad a nivel global, garantizando que estos nuevos flujos de ayuda contribuyan a fomentar un desarrollo bajo en carbono y la resiliencia ante los efectos del cambio climático. 

Pero lo primero es lo primero. Hagamos que quienes más han contribuido al cambio climático, cuyas emisiones les han situado en la senda de la prosperidad, asuman sus responsabilidades. Lo justo es que sean ellos, los "emisores históricos", quienes lideren la lucha contra el cambio climático y cumplan con los compromisos adquiridos. Esto implica garantizar que pondrán fin al desvío de fondos destinados a ayuda al desarrollo hacia la lucha contra el cambio climático. Como un primer paso, los países desarrollados podrían comprometerse a garantizar que, a medida que se incrementa la financiación de la lucha contra el cambio climático, se produce, además, un incremento paralelo del presupuesto total de ayuda. En segundo lugar, deben dejarse de rodeos y aportar nuevos fondos públicos y promover la creación y la implementación de nuevos e innovadores mecanismos de financiación pública que se puedan aprovechar de forma inmediata, como la tasa a las transacciones financieras, las iniciativas de aplicación de un precio al carbono (como en la UE o California) o la eliminación de subvenciones a los combustibles fósiles.

La #FfD3 de Adis Abeba es un momento crucial en el camino hacia la cumbre de París. Debemos asegurarnos de que los países más pobres del mundo, que son quienes más sufren los efectos del cambio climático, no sigan pagando el precio de un problema que no han contribuido a crear. Desde Oxfam, trabajaremos para ejercer presión sobre los Gobiernos presentes en la conferencia de Adis Abeba. Mientras tanto, tú también puedes actuar y ayudarnos a defender los derechos de las personas más afectadas por los efectos del cambio climático

Entrada publicada por Lies Craeynest, Oxfam CRECE, el 6 de julio de 2015.

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