Lo que deberíamos saber sobre la crisis humanitaria en Centroamérica.

“Es urgente que los Estados reconozcan formalmente a Centroamérica como una región vulnerable frente al Cambio Climático y los riesgos recurrentes que año tras año deja grandes pérdidas (…) Es hora de despojarnos de los intereses particulares y trabajar como región centroamericana para que las políticas de Gestión del Riesgo se incluyan y estén alineadas a la política de los Estados”, fueron algunos de los mensajes que se dieron a lo largo del Foro Regional Centroamericano “Impacto del Riesgo de Sequía y otros efectos Adversos del Cambio climático” que se llevó a cabo la semana pasada en ciudad de Guatemala y que refleja la preocupación ante una crisis humanitaria que parece no tener un pronta solución.

La situación de sequía que enfrenta la zona del corredor seco en Centroamérica, demanda una respuesta más rápida y contundente no sólo de los gobiernos nacionales, sino de la comunidad internacional, que se reúne en la primera cumbre humanitaria mundial en Estambul a partir de hoy. Más de cuatro millones de personas, están sufriendo las consecuencias de una crisis humanitaria silenciosa en el Corredor Seco de Centroamérica y que en los últimos años ha ocasionado la pérdida de cosechas entre un 50% y 90%. Esta situación ha afectado a las familias más pobres, lo que ha incrementado los niveles de desigualdad en la región, reproduciendo el ciclo de pobreza y vulnerabilidad. Según Naciones unidas entre 1991 y 2010 de cada 100 dólares destinados a ayuda humanitaria internacional tan sólo se invirtieron 40 céntimos en reducción de desastres. De acuerdo con el plan de respuesta lanzado por el sistema, para atender a los 3.5 millones de personas afectadas por la situación de sequía en Honduras, Guatemala y El Salvador, se necesitarían cerca de US$294 millones este año, a razón de USD$84 por persona, para garantizar asistencia alimentaria durante periodo más alto de la emergencia (4 meses comprendidos entre mayo y agosto).

Desde Oxfam, respondemos con apoyos para cerca de 500,000 personas que han sido afectadas en la región de América Latina, pero se requiere una mayor atención y decisión por parte de la cooperación y por parte de los Estados para movilizar recursos que permitan el desarrollo de estrategias y programas que conecten el trabajo humanitario con el trabajo de más largo plazo de desarrollo y reducción de la desigualdad, sino seguiremos año tras año respondiendo a emergencias prevenibles.

¿Dé dónde vendría la inversión pública? Es imperativo el diseño e implementación de reformas fiscales que eviten la fuga de recursos hacia los llamados “paraísos fiscales”, y sean utilizados en programas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de las poblaciones. La evasión y elusión de impuestos sobre la renta personal y corporativa le cuesta a América Latina y el Caribe más de 200,000 millones de dólares al año, es decir un 4,1% del PIB, monto con el cual se podría casi duplicar la inversión pública en salud de toda la región latinoamericana. El Foro Regional Centroaméricano, más allá de definir una posición ante la Cumbre Mundial Humanitaria, ha sido un escenario oportuno para visibilizar la crisis y presentar ante la opinión pública y las autoridades de la región, la imperiosa necesidad de invertir en programas orientados a mejorar los medios de vida de las comunidades y recuperar sus medios de vida destruidos por la sequía, y el fortalecimiento en temas relacionados con la prevención del riesgo y adaptación a fenómenos derivados de la variabilidad climática o el cambio climático.

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