¿Un nuevo acuerdo para la población refugiada y migrante?

Josephine Liebl, experta en políticas globales sobre desplazamientos de Oxfam, reflexiona sobre la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas que tendrá lugar en Nueva York en septiembre y sobre las vertiginosas últimas semanas para negociar su resultado.

La primera Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Refugiados y Migrantes se celebrará en Nueva York el 19 de septiembre. Un día después, el presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, presidirá la Cumbre de Líderes sobre los Refugiados. Mientras el resultado de esta cumbre de líderes es incierto, antes de irse de vacaciones, los diplomáticos negociaron un documento que los dirigentes mundiales aprobarán durante la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas en septiembre. Aunque se trata de un paso positivo, la reunión de alto nivel no es más que el comienzo de un largo proceso, y no la solución para resolver los problemas a los que se enfrenta el mundo. Lo que ocurra el día después, y cómo haremos que los países rindan cuentas durante los próximos dos años, será crucial para dar una respuesta global a la mayor crisis de desplazados de nuestra era.

Durante las interminables negociaciones que tuvieron lugar en julio, me preguntaba qué esperaban exactamente los Estados Miembros de las Naciones Unidas y el Secretario General cuando convocaron esta reunión de alto nivel. Al comparar las modificaciones en el texto y las diversas propuestas, parecía que habían olvidado su propósito: ofrecer una mejor protección a las personas refugiadas y migrantes, y compartir las responsabilidades para con algunas de las personas más vulnerables del mundo.

Tal y como Oxfam reveló en julio, existe una diferencia abismal en el número de refugiados que algunos países acogen con respecto a otros, sin que esta diferencia se base en su capacidad de acogida. Los seis países más ricos del mundo acogen a menos del 9% de la población refugiada y los solicitantes de asilo, mientras otros países más pobres se ven obligados a asumir la mayor parte de esta responsabilidad. El mundo no puede seguir ignorando la realidad de un sistema que no funciona y el hecho de que sin compromisos concretos adecuados, nada cambiará. Pero, en vez de buscar soluciones prácticas, las ONG que asistimos a las negociaciones vimos cómo los participantes evitaban con maestría asumir compromisos que ayudarían a la población refugiada y migrante. Todas las promesas parecían incluir alguna salvedad del tipo “cuando proceda”, y todos los planes alguna contingencia del tipo “se contemplará”.

Defender los derechos y luchar contra la xenofobia

El resultado no ha sido completamente negativo. El documento final reafirma el derecho internacional de derechos humanos, los derechos de los refugiados y el derecho humanitario, así como el compromiso de los Gobiernos a respetar el principio de “no devolución” (la prohibición de enviar a una persona refugiada a un país donde pudiera sufrir un trato cruel o inhumano o ser perseguida). En un mundo en el que el derecho de asilo se viola de manera sistemática, es importante que la reunión de alto nivel reafirme este derecho. Pero esto es lo mínimo que se podría esperar de este documento, y en ningún caso esto debería sustituir al progreso real.

En la reunión de alto nivel también se condenará la xenofobia, el racismo y la intolerancia, y recordará al mundo que la diversidad enriquece a la sociedad. Por muy obvio que parezca, es una declaración necesaria dado el sinfín de políticos que afirma exactamente lo contrario.

El documento va más allá y demanda un “reparto más equitativo de la carga y la responsabilidad de acoger y apoyar a los refugiados de todo el mundo”, allanando el camino para que el texto sea adoptado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se celebrará justo después de la reunión de alto nivel. No obstante, sin unos compromisos sólidos ni una hoja de ruta clara para ponerlos en práctica, las palabras se quedarán en papel mojado, y será difícil saber cuándo llegará la respuesta mundial tan desesperadamente necesaria. Nunca antes había habido tantas personas desplazadas por la violencia y, sin embargo, por ahora los Gobiernos solo han aportado palabras vacías en vez de medidas concretas.

¿Más de lo mismo?

La Asamblea General convocó esta reunión de alto nivel para cambiar la situación. Pero, al presenciar las negociaciones, no dejaba de sorprenderme el número de diplomáticos que las aprovechaban para mantener el statu quo, el cual es más que insuficiente para hacer frente a la crisis. El documento final menciona la necesidad de fortalecer la cooperación internacional para la gestión de las fronteras, incluidas las necesidades en materia de formación. Por supuesto, son los Estados quienes tienen la autoridad para controlar sus fronteras, pero es difícil no caer en el cinismo en cuanto a qué se considera “buenas prácticas” tras las recientes revelaciones sobre el plan de la Unión Europea de financiar centros de detención y equipamiento para frenar la emigración en Sudán. Hay un interés enfermizo en ir más allá del principio de “no devolución” de refugiados y migrantes. Tras una propuesta del grupo africano, en el documento se llega incluso a sugerir que la decisión de un Gobierno de devolver a refugiados no debería estar “condicionada a la ejecución de soluciones políticas en el país de origen”. ¿Tal vez para justificar el cierre de un campamento para refugiados somalís en Kenia? Estados Unidos y otros países insistieron en incluir una referencia a la detención de niños y niñas migrantes, lo que supone un duro golpe a las normas internacionales de derechos humanos establecidas por las Naciones Unidas y que tanto costó conseguir.

El grupo de desplazados más numeroso, relegado al olvido

Pero lo realmente decepcionante es lo que no se abordará en la reunión de alto nivel. Apenas se menciona a las personas que se han visto obligadas a huir pero que siguen dentro de las fronteras de su país (las personas desplazadas internas), a pesar de ser dos veces más numerosas que la población refugiada. De Siria a Sudán del Sur, pasando por Yemen y Nigeria, a menudo su situación es tan crítica como la de los refugiados, pero generalmente menos visible, tal y como ilustra el nuevo informe de Oxfam sobre la crisis en la cuenca del Lago Chad (que afecta a Nigeria, Níger y Chad).

¿Transferir o repartir la responsabilidad?

El mayor fracaso de la reunión de alto nivel es que los Gobiernos no tomarán medidas concretas para repartir la responsabilidad para con la población refugiada en el futuro. Uno de los resultados más positivos de la reunión es la creación de un “marco de respuesta global para los refugiados” el cual detallará cómo debería responder la comunidad internacional a las crisis de refugiados, tanto ahora como en el futuro.

Sin embargo, el marco no incluye ningún compromiso para que los Estados proporcionen una financiación adecuada. Ningún compromiso para recibir o proteger a una mayor proporción de la población refugiada a nivel mundial, ni para ofrecerles acceso a educación o trabajo. Ningún compromiso para reasentar al 10% de las personas refugiadas en el mundo, tal y como pretendían países como Turquía que ya acogen a una cantidad desproporcionadamente grande. Sin compromisos tangibles, ¿hasta qué punto es posible que cambie la situación?

Partiendo de este documento, resulta difícil entrever qué va a cambiar realmente para la población refugiada y migrante tras el 19 de septiembre. No obstante, la cumbre paralela que el presidente Barack Obama ha organizado un día después –unida a su insistencia para que otros líderes mundiales “arrimen el hombro”, comprometiéndose con cifras concretas en cuanto a ayuda, reasentamientos y acceso a educación y trabajo – puede impulsar progresos. Suceda lo que suceda, es evidente que estos dos eventos son el comienzo (y no el final) para obrar el cambio que tanto necesitan las personas refugiadas, migrantes y desplazadas internas.

El camino a seguir

Será necesario aportar soluciones concretas, en gran parte después de septiembre. Por ello, tras las reuniones continuarán los llamamientos para que se lleve a la práctica un reparto equitativo de las responsabilidades.

Los primeros ministros y presidentes que acudirán a Nueva York en septiembre no deben contentarse con el mínimo denominador común que se acuerde en la reunión de alto nivel de las Naciones Unidas. Los que acudan a la cumbre organizada por Barack Obama al día siguiente pueden subir el listón inmediatamente asumiendo compromisos más concretos. Por eso es tan importante que escuchen alto y claro que la ciudadanía espera más de ellos, tanto en septiembre como en el futuro.

Tras las reuniones, habrá mucho trabajo por hacer. Los Gobiernos deberán demostrar que ponen en práctica el reparto de responsabilidades, incluido el marco de respuesta global para los refugiados, para que los millones de personas que huyen de los conflictos, la violencia, los desastres y la pobreza reciban el apoyo que necesitan. A lo largo de los próximos dos años, los Gobiernos negociarán pactos mundiales sobre la población refugiada y migrante, que deberán ser más sustanciales y presentar medidas más concretas para ayudar a los millones de personas que lo necesitan.

Seguiremos ejerciendo presión sobre los dirigentes mundiales para que asuman compromisos más ambiciosos en septiembre y rindan cuentas, puesto que la respuesta a la crisis debe sustentarse en la humanidad, y no en la ignorancia, la elusión y los reproches.

Ayúdalos con tu firma. Pidea los paises de la Unión Europea que vuelvan a retomar el liderazgo en la defensa y protección de los derechos de las personas desplazadas de cara a la próxima Cumbre sobre Migración y Refugiados de Naciones Unidas.

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