Las secuelas de la guerra parecen eternas en Gaza

Me encuentro junto a un pozo de agua dulce en El Atattara. Hay un gran agujero en uno de sus muros lo suficientemente grande como para poder colarse a través de él. Otro agujero, algo más pequeño, en la parte interior de una de las paredes, muestra la trayectoria de un misil hacia la estación de bombeo del pozo. Los destrozos provocados se empezaron a limpiar ayer por la mañana, los restos del panel de control eléctrico han sido reemplazados por los técnicos del organismo público que gestiona la distribución de agua en Gaza.

Fuera, el enorme generador naranja espera destrozado a que alguien lo repare. Los agujeros provocados por la metralla en el tanque de gasolina han sido soldados hace poco. Algo más arriba, los cables de la torre de electricidad fueron arrancados por los misiles que un helicóptero disparó al pozo de agua.

Al otro lado de una calle cubierta de barro, algunas de las 10.000 personas a las que abastecía este pozo viven ahora en 86 blancas y húmedas tiendas de campaña. Anoche, su descanso fue interrumpido por el sonido de los helicópteros. La explosión de los misiles los sacudió en mitad de la noche. Imagino lo que habrán sentido tras haber perdido hace muy poco sus hogares debido a unas explosiones similares a estas.

Tres semanas después del alto el fuego de Israel y de Hamas el diario Ha’aretz  ha publicado: “el lunes (9 de febrero de 2009), la Fuerza Aérea de Israel bombardeó dos posiciones de Hamas en Gaza en respuesta a los ataques con cohetes perpetrados por estos milicianos el día anterior, según informan fuentes militares”.

Otros nueves pozos de agua dulce fueron destruidos durante las semanas del conflicto. El portavoz del organismo público encargado de la gestión del agua me ha dicho que 300.000 personas en el norte de la Franja continúan aún sin poder acceder al agua potable. Así pues, hay que llevarla en tanques. Algunos envíos los gestionan ONG, como Oxfam Internacional, y otros los realizan transportistas que aumentan muchísimo el precio de los bidones. 

He viajado a esta zona para ver los últimos daños resultantes de los enfrentamientos. Me encuentro en la localidad de Sheik Adjin para encontrarme con Mohammed Haidil, uno de los granjeros de la zona. Me muestra un agujero en una alberca de tratamiento de agua. El boquete ha dejado un reguero de aguas residuales y arena. Mohammed ha intentado en vano limpiar el terreno aledaño a sus olivos. “Ya han muerto”, dice. Las aguas residuales han quemado las raíces de los árboles.  “Todos esto ha muerto”, dice señalando los campos que se encuentran a nuestro alrededor. Las ramas rotas de los árboles se han clavado en la arena formando una especie de bosque desnudo. Lo que hasta hace muy poco era un valle, es ahora una extensión de seca y sin vida..

Mohammed me muestra una pequeña casita de ladrillo. El pozo de agua para regar está repleto de aguas residuales. Así que, permanecerá inservible durante al menos un año. Además, la bomba con la que se extraía el agua esta rota. Todo se arruinó cuando las aguas residuales inundaron la tierra de este granjero.

Mohammed no sabe como va a recuperar su tierra. Tiene que limpiarla de arena y aguas residuales. Los olivos y los almendros deben ser reemplazados. 13.0000 granjeros de Gaza se ven obligados a empezar de nuevo, a rehabilitar sus tierras destruidas y a reconstruir sus invernaderos y sus pozos.

En Palestina, la tierra de cultivos se mide en dunums y su rehabilitación en miles de dólares. Concretamente, 1.500 dólares por cada dunum. Tres veces más que por los invernaderos. Un dunum no es demasiado grande, un acre equivale a cuatro dunums. Mohammed es propietario de seis dunums destrozados por aguas residuales. No es demasiado; pero es lo todo lo que ha podido ganar en su vida, Todo lo que tiene para alimentar a sus hijos. Ahora, ¿Qué va a hacer? No lo sabe. Yo tampoco.

Reparar los daños que han sufrido los servicios de agua y saneamiento en Gaza durante el conflicto tiene un coste de seis millones de dólares. Los médicos con los que he hablado esta semana me han dicho que el número de infecciones estomacales y respiratorias están creciendo cada semana. Los habitantes de Gaza están exhaustos tras 20 meses de bloqueo y tres semanas de intenso conflicto. Más cohetes y misiles no van a ayudarles demasiado. El secuestro del soldado Gilad Shalit, los prisioneros políticos palestinos y los detenidos sin juicio no van a ayudarles. Tampoco las continúas restricciones de la entrada de ayuda humanitaria y combustible. 

Una nueva política en la región debe contemplar el levantamiento del bloqueo de la Franja, la liberación de prisioneros y el cese de los disparos de cohetes palestinos a suelo israelí. Pero la gente ha perdido la esperaza y nadie en Gaza me pregunta cuando puede suceder todo esto.

 

Una de las casas destruídas por excavadoras, Beit Lahia, Gaza. Autor: Kenny Rae/Oxfam

Partagez cette page: