Dentro de un campo de refugiados en Burkina Faso (2) : “No quería partir, pero esta vez no hubo más opción”

El conflicto en el norte de Malí ha empujado a miles de personas a refugiarse en los países vecinos. Desde 21 al 23 de agosto Yaye Fatou Marone, responsable de la información y la comunicación para Oxfam en África Occidental, visitó varios campamentos de refugiados de Malí en Burkina Faso, para entender mejor su situación y para representar mejor sus intereses. Ella relata sus encuentros con mujeres, niños, niñas y hombres obligados a dejarlo todo  - casa, trabajo, escuela - en busca de un mínimo de seguridad. Segunda parte de una serie de tres artículos. 

Aicha Walet Ibrahim, 10 años, delante de una letrina instalada por Oxfam en el campo de Damba.

Estamos en el segundo día de nuestra visita en Burkina Faso, en dirección al campo de refugiados de Damba, a una hora en coche de Djibo, al norte del país. El acceso es un poco complicado. Se trata de un camino sin asfaltar y ha llovido el día anterior. Hay muchos charcos y en algunas partes, la carretera está cortada por el agua, pero debemos pasar. Afortunadamente estamos con Tamboura, un responsable de AGED, el socio que trabaja con Oxfam en el campo de Damba. Él conoce el camino de memoria a fuerza de hacer el camino a diario y orienta al chofer durante todo el viaje.

Llegamos à Damba tras una hora de viaje. Además de Oxfam y la Acnur, destaca la presencia de otras agencias humanitarias como Unicef, Plan, Hope e IEDA Relief, entre otras. Este campo atiende a más de 4.400 personas (cifras de la Acnur a julio de 2012).

Tamboura y Madeleine, responsable de promoción de higiene y saneamiento de Oxfam, conocen muy bien los lugares y las comunidades que aquí viven gracias al trabajo que desarrollan sin descanso. Me provocan una gran admiración. Oxfam está a cargo de la distribución de agua potable y la instalación de letrinas y aseos tanto en este campo como en Mentao.

Obligados a abandonar su ganado

Hoy nos reunimos con hombres y jóvenes. Izoma, un hombre mayor que está dentro del grupo, me impacta. Aquí su historia: "Me fui de mi pueblo con mi familia el 16 de febrero y llegamos al campamento el 12 de marzo 2012. Abandoné mi casa, mis animales y mis bienes. Nunca había sido un refugiado en mi vida. En 1994 me negué a dejar a mi pueblo, pero esta vez, me vi obligado a salir ", cuenta. Izoma era el jefe de una zona de su aldea. Era un líder de su comunidad. En Damba, es el presidente de la Asociación de Refugiados y uno de sus interlocutores ante varias organizaciones a quienes los problemas que enfrentan las personas en el campamento.

Los touaregs, en su mayoría pastores nómadas, han dejado sus rebaños, que constituyen su mayor riqueza, en Mali. La vida en el campo de refugiados es muy diferente de la que dejaron atrás, puedo sentir su nostalgia  cuando recuerdan su vida en Mali. Aunque les faltan muchas cosas, por lo menos en el campo se sienten seguros.  

La esperanza del retorno

La esperanza de volver a su país es un tema recurrente. Todo lo que desea esta comunidad de refugiados es que se logre la paz definitiva en el norte de Mali, una paz que les permita recuperar su libertad de circulación dentro de su territorio, sin el miedo permanente. Una paz que les permita reconstruir sus vidas. 

A la espera de que la paz vuelva a su país, las agencias humanitarias se esfuerzan para que las personas refugiadas en el campo vivan en buenas condiciones.

Más información

Blog : Dentro de un campo de refugiados en Burkina Faso (1): "La única cosa que importa es estar en un lugar seguro"

Crisis alimentaria en el Sahel: el trabajo de Oxfam

Oxfam en Burkina Faso

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