Oxfam International Blogs - Agrarian transition; women farm workers; care economy; discrimination; labor rights; urban migration; gender roles; household economy; seasonal work http://l.blogs.oxfam/fr/tags/agrarian-transition-women-farm-workers-care-economy-discrimination-labor-rights-urban-migration fr Día 10: La recivilización de los hombres por las mujeres http://l.blogs.oxfam/fr/node/10091 <div class="field field-name-body"><p><strong><em>La transición agraria hacia una forma de agricultura capitalizada de gran densidad de insumos está profundamente ligada a las cuestiones de género. La seguridad alimentaria depende de que se luche contra la discriminación de las mujeres, pero solo será viable si se combina con una redefinición de las responsabilidades en los hogares.</em></strong></p> <p>Por <a href="http://blogs.oxfam.org/es/user/profile/olivier-de-schutter"><strong>Olivier De Schutter</strong></a>, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación</p> <p>La transición agraria es un proceso complejo, caracterizado por un cambio acelerado hacia una forma de agricultura capitalizada de gran densidad de insumos, así como por la creciente importancia de las cadenas mundiales de valor y las exportaciones. A su vez, tiene como consecuencia un aumento de la concentración de las tierras, la migración masiva del campo a la ciudad y la despoblación de las zonas rurales.</p> <h3><em> "La transición agraria hacia una forma de agricultura capitalizada de gran densidad de insumos está profundamente ligada a las cuestiones de género.</em>"</h3> <p><strong>Esta transición está profundamente ligada a las cuestiones de género</strong>. En primer lugar, la tendencia general ha sido que los hombres emigren primero, durante períodos más extensos y a destinos más alejados. Aunque hay excepciones a esta pauta: En Sri Lanka y Filipinas, por ejemplo, las mujeres migrantes representaban respectivamente tres cuartos y más de la mitad de los emigrantes de los últimos años, a menudo para convertirse en empleadas domésticas o trabajadoras sexuales, o para trabajar en la industria textil en un mercado laboral muy segmentado. Sin embargo, por lo general es más probable que sea el hombre, antes que la mujer, el que abandone el trabajo agrícola de su hogar y busque ingresos en otros sectores, en parte por las normas sociales relacionadas con los roles de cada sexo, y en parte debido a que, por lo general, los hombres tienen un nivel superior de educación que les permite buscar empleo al margen de la agricultura. </p> <h3>"<em>Puede resultar complicado para las mujeres conciliar su función como pequeñas productoras con sus responsabilidades en la economía “asistencial."</em></h3> <p>Por lo tanto, son las mujeres las que permanecen para asumir toda la carga de la producción agrícola. Es posible que para ello reciban apoyo mediante el recibo de remesas, que pueden servir para comprar insumos o contratar mano de obra para el desempeño de tareas más arduas, como la preparación de la tierra, que no suele considerarse una tarea adecuada para las mujeres: parece que esto es bastante común en el Sudeste asiático, donde la productividad de la tierra se ha mantenido en parte gracias a dichas remesas.</p> <p>Pero las mujeres rara vez disfrutan de protección legal o derechos de propiedad de bienes, y tienen que enfrentarse a las normas sociales y culturales que obstaculizan su capacidad para mejorar la productividad. Además, puede que les resulte complicado conciliar su función como pequeñas productoras con sus responsabilidades en la economía “asistencial”, un obstáculo al que los agricultores masculinos no tienen que enfrentarse. Estas responsabilidades reducen la movilidad de las mujeres, lo que afecta a su capacidad para comercializar sus productos, y deriva en pobreza de tiempo para las mujeres y una escasez de la mano de obra en el campo.</p> <p>En este contexto, se han expresado preocupaciones sobre la repercusión que puede tener la feminización de la agricultura en la seguridad alimentaria local, si, debido a los obstáculos a los que se enfrentan, las mujeres son menos productivas que los hombres. En 2010, <a href="http://www.fao.org/index_es.htm" rel="nofollow"><strong>la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura</strong></a> (FAO) presentó <a href="http://www.fao.org/docrep/013/i2050s/i2082s00.pdf" rel="nofollow"><strong>su famosa conclusión</strong></a> al respecto: "Si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, podrían incrementar el rendimiento de sus explotaciones en un 20-30 por ciento. De este modo, la producción agrícola total en los países en desarrollo podría aumentar en un 2,5-4 por ciento. Un aumento de la producción de este calibre permitiría reducir el número de personas hambrientas en el mundo entre un 12 y un 17 por ciento." </p> <h3><em>"La seguridad alimentaria depende, hoy más que nunca, de que se luche contra la discriminación que sufren las mujeres.</em>"</h3> <p>Sean o no ciertos estos cálculos, la realidad es que la seguridad alimentaria depende, hoy más que nunca, de que se luche contra la discriminación que sufren las mujeres, con el fin de que éstas, y los hogares agrícolas que encabezan, puedan producir alimentos en mejores condiciones.</p> <p>La implicación de las cuestiones de género en transición agraria no se queda ahí. Una proporción creciente de mujeres ha aceptado trabajos asalariados en latifundios, en muchos casos reemplazando a los hombres que se marchan para trabajar en otros sectores ajenos a la agricultura. El crecimiento de la proporción de las mujeres que trabajan como empleadas asalariadas agrícolas tiene lugar en un momento en que las exportaciones agrícolas no tradicionales están aumentando, en particular los productos hortícolas. Están creándose nuevos puestos de trabajo para cortar flores y para cultivar y empaquetar verduras: estos se consideran productos de alto valor añadido, porque requieren una manipulación especial o algún tipo de procesamiento, lo que añade su valor más allá de la explotación agrícola.</p> <p>Para los empresarios, contratar a mujeres para este tipo de producción que precisa de una mano de obra relativamente intensiva conlleva diversas ventajas. Se considera que las mujeres son más dóciles y más fidedignas que los hombres. La naturaleza de las tareas de los sectores de exportación emergentes –frutas y verduras en particular– son por lo general menos exigentes a nivel físico y no es necesario utilizar maquinaría pesada, y por tanto se consideran adecuadas para las mujeres. Los salarios de las mujeres suelen ser más bajos que los de los hombres, algo que los empresarios siempre justifican con la argumentación de que, habitualmente, las mujeres nos son las principales contribuyentes de ingresos para sus familias; por el mismo motivo, se percibe a las mujeres como mano de obra altamente flexible, que puede contratarse a la semana o por temporadas.</p> <p>En este punto se da lo que podría llamarse "segmentación interna" en la mayor parte de la agricultura de alto valor. En estas explotaciones, un segmento relativamente estable y cualificado de la mano de obra coexiste con otro segmento, formado por trabajadores sin formación, a los que normalmente solo se contrata en ciertos periodos del año, y que suelen ser trabajadores ocasionales, sin un contrato de trabajo formal.</p> <h3><em>"Este trabajo no se remunera ni se reconoce, y resulta casi invisible, y todo, porque son las mujeres quienes lo realizan."</em></h3> <p>La presión para mantener un sistema tan dualizado, incluso aunque los avances tecnológicos hayan conseguido que la producción dependa menos de la estacionalidad, puede explicarse como consecuencia de la globalización y la necesidad de "racionalizar" (o lo que es lo mismo, hacer más rentable) la gestión de la mano de obra. Esto también explica por qué se clasifica a la parte "marginal" del personal como estacional o temporal, incluso cuando puede que de hecho sean permanentes. Habitualmente, las mujeres tienen una representación desproporcionada en este segmento "marginal", y no en el segmento "central" de trabajadores fijos.</p> <p>Los derechos de las mujeres deben ocupar un lugar central de la transición agraria si se pretende conciliar con el desarrollo y la reducción de la pobreza rurales. Como pequeñas productoras independientes en explotaciones familiares, es necesario que se les reconozca el acceso a la tierra y a otros insumos productivos. Deben contar con el apoyo de servicios de extensión que proporcionen asesoramiento teniendo en cuenta las cuestiones de género, y con un personal que represente mejor a las mujeres. Asimismo, es preciso alentar a las mujeres a que se organicen en cooperativas que les permitan no solo producir mejor al alcanzar determinadas economías de escala, sino también tener acceso a mecanismos de seguros y servicios financieros colectivos, así como a tener una voz política.</p> <p>Como empleadas asalariadas, las mujeres que trabajan en las explotaciones agrícolas deben estar protegidas de las diversas formas de discriminación a las que actualmente se ven sometidas. Dicha discriminación adopta varias formas, entre las que destacan la mayor representación de las mujeres como trabajadoras temporales o sin contrato formal; no proporcionarles el equipo protector contra los plaguicidas; la negativa de los empresarios a contratar a mujeres embarazadas, por lo que en ocasiones las trabajadoras en estado esconden su embarazo con el fin de no perder su fuente de ingresos, y la exposición de las mujeres a la violencia doméstica al no poder abandonar la plantación.</p> <p>El establecimiento de los salarios por obra (por volumen o superficie) suele desfavorecer a las mujeres, ya que el sueldo se calcula según los estándares de productividad masculina. Una consecuencia de este sistema es que promueve que las mujeres lleven a sus hijos al trabajo en calidad de "ayudantes", a fin de realizar la tarea más rápido; este es uno de los motivos por el que tantos niños trabajan en la agricultura.</p> <h3><em>"</em><em>Este trabajo no se remunera ni se reconoce, y resulta casi invisible, y todo, porque son las mujeres quienes lo realizan.</em><em>"</em></h3> <p>Sin embargo, la feminización de la agricultura plantea preguntas que sobrepasan las formas discretas de discriminación a las que están sometidas y de las que los derechos humanos deben protegerlas. La pregunta principal es cómo el cada vez mayor papel de la mujer en la agricultura debería conciliarse con su papel en la economía asistencial (el cuidado y la educación de los hijos, o el cuidado de las personas mayores o enfermas), así como con las tareas del hogar, de las que siguen siendo las principales responsables en todas las regiones; la compra y preparación de los alimentos, la colada o la recogida de leña o agua.</p> <p>Este trabajo no solo es esencial para la salud y la nutrición de los miembros de la familia, sino también para el mantenimiento del personal agrícola. Aún así, este trabajo no se remunera ni se reconoce, y resulta casi invisible, y todo, porque son las mujeres quienes lo realizan.</p> <p>Es importante invertir en servicios e infraestructuras que reduzcan la carga que esto representa para las mujeres, por ejemplo, con servicios de guardería en las zonas rurales o con tuberías que permitan llevar agua de las fuentes de abastecimiento directamente a las aldeas. Al reflexionar sobre cómo podemos fomentar el desarrollo rural, debemos reconocer la importancia de esta economía “asistencial” como adyuvante esencial para la economía de mercado. Por ejemplo, debemos adaptar la manera en que los agentes de extensión proporcionan asesoramiento, o la organización del empleo en las explotaciones agrícolas para que encajen con las responsabilidades que las mujeres asumen en los hogares.</p> <h3>  <em>"</em><em>La recivilización de los hombres por las mujeres es indispensable."</em></h3> <p>No obstante, la reducción de las tareas domésticas y su reconocimiento no será suficiente. Asimismo debemos redistribuir los papeles dentro de los hogares: es necesario velar por que los hombres, también, contribuyan como les corresponde a la economía “asistencial”, y por que la división de los roles de género se desestabilice y transforme. La feminización de la agricultura solo debería ser viable si se combina con una redefinición tal de las responsabilidades. En lugar de dejar que los hombres sigan centrándose exclusivamente en las actividades que generan ingresos y que todas las tareas sin remunerar, también esenciales para el mercado, recaigan sobre las mujeres, es preciso que reequilibremos las contribuciones respectivas de ambos. La recivilización de los hombres por las mujeres es, por lo tanto, indispensable.</p> <p>Lee el ensayo: <a href="http://blogs.oxfam.org/sites/blogs.oxfam.org/files/Olivier-De-Schutter_Discusión-virtual-de-Oxfam.pdf"><strong>La recivilización de los hombres por las mujeres</strong></a></p></div><div class="field field-name-title"><h2>Día 10: La recivilización de los hombres por las mujeres</h2></div><ul class="links inline"><li class="translation_en first"><a href="http://l.blogs.oxfam/en/blogs/recivilization-of-men-by-women" title="Day 10: The Recivilization of Men by Women" class="translation-link" xml:lang="en">English</a></li> <li class="translation_fr last"><a href="http://l.blogs.oxfam/fr/blogs/la-recivilisation-des-hommes" title="Jour 10: La recivilisation des hommes par les femmes" class="translation-link" xml:lang="fr">Français</a></li> </ul> Fri, 30 Nov 2012 00:00:01 +0000 Olivier De Schutter 10091 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/fr/node/10091#comments Jour 10: La recivilisation des hommes par les femmes http://l.blogs.oxfam/fr/blogs/la-recivilisation-des-hommes <div class="field field-name-body"><p><strong><em>La transition agraire vers une agriculture capitalisée et à niveau élevé d’intrants est profondément liée au genre. La sécurité alimentaire dépend de la lutte contre la discrimination à l’égard des femmes, mais ne sera viable que si elle est combinée à une redéfinition des rôles et responsabilités au sein des foyers. </em></strong></p> <p>Par <a href="http://blogs.oxfam.org/fr/user/profile/olivier-de-schutter"><strong>Olivier De Schutter</strong></a>, Rapporteur spécial des Nations Unies sur le droit à l’alimentation</p> <p>La transition agraire est un processus complexe, caractérisé par le passage accéléré à un type d’agriculture capitalisée et à niveau élevé d’intrants, ainsi que par l’importance croissante des chaînes de valeurs globales et de l’agriculture orientée vers l’exportation. Elle est  ainsi à l’origine d’une concentration accrue des terres, d’un exode massif vers les villes et du dépeuplement des zones rurales.</p> <h3><em> "La transition agraire vers une agriculture capitalisée et à niveau élevé d’intrants est profondément liée au genre.</em>"</h3> <p><strong>Elle est, par ailleurs, profondément liée au genre</strong>. La tendance générale a tout d’abord poussé les hommes à migrer seuls vers les villes, pendant des périodes prolongées et de plus en plus loin de leur foyer. Quelques exceptions confirment cette règle. Au Sri Lanka et aux Philippines, par exemple, les femmes représentaient, respectivement, les trois quarts et plus de la moitié des migrants ces dernières années, et partaient souvent pour travailler comme employées de maison, prostituées ou dans l’industrie textile dans un marché du travail très segmenté. Toutefois, les hommes sont généralement plus susceptibles que les femmes d’abandonner l’emploi qu’ils occupent chez eux et de rechercher un revenu dans d’autres secteurs ; d’une part, en raison des normes sociales qui régissent les rôles liés au genre et, d’autre part, en raison du niveau d’instruction moyen plus élevé des hommes qui leur permet de chercher un emploi hors des exploitations agricoles.<strong> </strong></p> <h3>"<em>Les hommes sont plus susceptibles d’abandonner l’emploi qu’ils occupent chez eux et les femmes sont tenues d’assumer l’entière responsabilité de la production agricole."</em></h3> <p>Les femmes, quant à elles, restent sur place et sont tenues d’assumer l’entière responsabilité de la production agricole. Il arrive qu’elles soient soutenues dans leur tâche par l’envoi de fonds, qui leur permettent d’acheter des intrants ou d’embaucher de la main-d’œuvre pour les aider dans les travaux les plus ardus, comme la préparation des terres ; tâches qui ne sont généralement pas considérées comme convenables pour une femme. Il semble que ce soit souvent le cas en Asie du Sud-Est, où la productivité des terres a pu être maintenue grâce à ces envois de fonds.</p> <p>Pourtant, les femmes ne bénéficient le plus souvent que d’une protection juridique restreinte ou de droits à la propriété des biens limités et se heurtent aux normes culturelles et sociales ; autant de barrières qui entravent leur capacité à améliorer leur productivité. Par ailleurs, elles rencontrent parfois des difficultés à concilier leur rôle de petites productrices de denrées alimentaires et leurs responsabilités dans l’économie « sociale », un obstacle auquel les hommes du secteur ne sont pas confrontés. Ces responsabilités réduisent la mobilité des femmes, ce qui nuit à leur capacité de commercialiser leur production, et occasionnent un grand manque de temps, ce qui a pour conséquence un manque de main d’œuvre pour travailler la terre.</p> <p>Dans ce contexte, des inquiétudes ont été exprimées concernant les éventuelles répercussions de la féminisation de l’agriculture sur la sécurité alimentaire locale, si, étant donné les obstacles auxquels elles font face, les femmes sont moins productives que les hommes. En 2010, les conclusions, désormais célèbres, <a href="http://www.fao.org/index_fr.htm" rel="nofollow"><strong>l’Organisation des nations unies pour l’alimentation et l’agriculture (FAO)</strong></a> indiquaient : « Si les femmes avaient le même accès que les hommes aux ressources productives, elles pourraient augmenter de 20 à 30 pour cent les rendements de leur exploitation, ce qui aurait pour effet d’accroître la production agricole totale des pays en développement de 2,5 à 4 pour cent. Des gains de production de cette ampleur pourraient réduire de 12, voire 17 pour cent, le nombre de personnes souffrant de faim dans le monde. »</p> <h3><em>"Les femmes rencontrent parfois des difficultés à concilier leur rôle de petites productrices de denrées alimentaires et leurs responsabilités dans l’économie « sociale ».</em>"</h3> <p>Quelle que soit la validité de ce calcul, la réalité, c’est que la sécurité alimentaire dépend, aujourd’hui plus que jamais, de la lutte contre la discrimination à l’égard des femmes, afin de permettre à ces dernières et aux exploitations qu’elles gèrent de produire des denrées alimentaires dans de meilleures conditions.</p> <p>Mais la transition agraire est liée au genre d’une autre façon egalement. Une proportion de plus en plus importante de femmes accepte un emploi salarié dans de grandes exploitations agricoles, bien souvent pour remplacer les hommes partis travailler dans d’autres secteurs. L’augmentation du nombre de femmes travaillant comme ouvrières agricoles survient à un moment où les exportations de produits agricoles non traditionnels augmentent, particulièrement les produits horticoles. De nouveaux emplois sont créés dans la culture et le conditionnement de fleurs coupées et de légumes, des produits à forte valeur ajoutée car ils nécessitent une manipulation spéciale ou de la transformation, ce qui augmente leur valeur.</p> <p>Pour les employeurs, recruter des femmes dans ces types de production relativement exigeants en main-d’œuvre présente certains avantages. Les femmes sont jugées plus dociles et plus fiables que les hommes. La nature des tâches dans les secteurs d’exportation émergents (fruits et légumes, principalement) demande généralement moins de force physique, ne nécessite pas l’utilisation de machinerie lourde et s’avère donc plus adaptée aux femmes. Les salaires des femmes sont habituellement inférieurs à ceux des hommes, fait que justifient parfois leurs employeurs en affirmant qu’elles ne représentent, généralement, pas la principale source de revenus de la famille. Pour une raison obscure, les femmes sont considérées comme de la main-d’œuvre très flexible, qui peut être embauchée à la semaine ou à la saison.</p> <p>Se produit alors un phénomène que l’on pourrait qualifier de « segmentation interne » dans la plupart des exploitations agricoles à forte valeur ajoutée. Sur ces fermes, un segment relativement stable et qualifié de la main-d’œuvre coexiste avec un autre segment, constitué d’ouvriers non qualifiés, souvent recrutés à certaines périodes de l’année uniquement et habituellement en tant que travailleurs occasionnels, sans contrat de travail formel.</p> <h3><em>"La sécurité alimentaire dépend, aujourd’hui plus que jamais, de la lutte contre la discrimination à l’égard des femmes."</em></h3> <p>Il est probable que la pression exercée pour maintenir la dualité du système, alors même que les avancées technologiques ont permis de réduire le degré auquel la production dépend des saisons, soit une conséquence de la mondialisation et du besoin de « rationaliser » (c.-à-d. d’augmenter la rentabilité de) la gestion de la main-d’œuvre. Cela explique également pourquoi les emplois de la partie « périphérique » de la main-d’œuvre sont qualifiés de saisonniers ou de temporaires, même lorsqu’ils pourraient, en réalité, être permanents. Généralement, les femmes sont surreprésentées dans ce segment « périphérique », et peu présentes dans le segment « principal » composé de salariés permanents.</p> <p>Les droits des femmes doivent occuper une place centrale dans la transition agraire si l’on veut réconcilier cette dernière avec le développement rural et la réduction de la pauvreté dans ces régions. En tant que petites productrices indépendantes travaillant dans des exploitations familiales, les femmes doivent bénéficier d’un accès reconnu à la terre et aux autres intrants productifs. Elles doivent être soutenues par des services d’extension en mesure de leur prodiguer des conseils intégrant la dimension genre et dont le personnel représente mieux les femmes. Par ailleurs, elles doivent être encouragées à s’organiser en coopératives pour leur permettre non seulement de mieux produire en atteignant certaines économies d’échelle, mais également d’accéder à des mécanismes d’assurance collective et à des services financiers, ainsi que de se faire entendre sur la scène politique.</p> <p>En tant qu’ouvrières agricoles, les femmes travaillant dans les exploitations doivent être protégées contre les différentes formes de discrimination auxquelles elles sont actuellement confrontées. Cette discrimination prend différentes formes, notamment : la surreprésentation des femmes sous contrat temporaire ou embauchées sans contrat formel ; un échec à fournir aux femmes des équipements de protection contre les pesticides ; un refus des employeurs d’embaucher les femmes enceintes, ce qui pousse parfois les ouvrières saisonnières à dissimuler leur grossesse afin de maintenir leur accès à des revenus et, enfin, une exposition des femmes à la violence domestique, car elles sont contraintes de rester à proximité de la plantation.</p> <p>La définition des salaires sur la base d’un travail rémunéré à la pièce (au volume ou à la surface) joue généralement en défaveur des femmes, étant donné que leur paie est calculée sur la base des normes de productivité de leurs homologues masculins. Cela a pour conséquences d’encourager les femmes à se faire aider de leurs enfants au travail pour effectuer leurs tâches plus rapidement. Ceci explique en partie pourquoi les enfants travaillant dans le secteur agricole sont si nombreux.</p> <h3><em>"La question fondamentale est de savoir comment le rôle accru des femmes dans le secteur agricole peut être concilié avec leur rôle dans l’économie « sociale »."</em></h3> <p>Ce travail est essentiel non seulement pour la santé et la nutrition des membres de leur famille, mais également pour le maintien de la main-d’œuvre agricole. Pourtant, ce travail n’est pas rémunéré, n’est pas reconnu et reste très largement invisible, car il revient aux femmes.</p> <p>Il est important d’investir dans des services et dans une infrastructure qui réduisent ce fardeau pour les femmes, tels que des services de garde dans les zones rurales ou des canalisations reliant les villages aux sources d’eau. Alors que nous réfléchissons à la manière dont nous pouvons soutenir le développement rural, nous devons reconnaître l’importance de cette économie « sociale » comme adjuvant vital à l’économie de « marché ».</p> <p>Par ailleurs, nous devons, par exemple, adapter la manière dont les conseillers agricoles émettent des recommandations ou dont l’emploi dans les exploitations est organisé, afin de les modeler en fonction des responsabilités assumées par les femmes dans leur foyer.</p> <h3>  <em>"</em><em> Ce qui est requis est la recivilisation des hommes par les femmes. "</em></h3> <p>Mais la réduction des tâches domestiques et leur reconnaissance ne sera pas suffisante. Nous devons également redistribuer les rôles au sein du foyer. Nous devons veiller à ce que les hommes contribuent, eux aussi, à l’économie « sociale » et à ce que la répartition sexuée des rôles soit déstabilisée et transformée. La féminisation de l’agriculture ne sera viable que si elle est combinée à la redéfinition des responsabilités. Plutôt que de laisser les hommes se consacrer exclusivement aux activités génératrices de revenus et les femmes effectuer l’ensemble des tâches non rémunérées qui sont essentielles au marché, nous devons rééquilibrer les contributions respectives de chacun. Cela requiert la recivilisation des hommes par les femmes.</p> <p>Téléchargez l'article : <strong><a href="http://blogs.oxfam.org/sites/blogs.oxfam.org/files/Olivier-de-Schutter_Discussion-en-ligne-Oxfam.pdf">La recivilisation des hommes par les femmes</a></strong></p></div><div class="field field-name-title"><h2>Jour 10: La recivilisation des hommes par les femmes</h2></div><ul class="links inline"><li class="translation_en first"><a href="http://l.blogs.oxfam/en/blogs/recivilization-of-men-by-women" title="Day 10: The Recivilization of Men by Women" class="translation-link" xml:lang="en">English</a></li> <li class="translation_es last"><a href="http://l.blogs.oxfam/es/blogs/la-recivilizacion-de-los-hombres" title="Día 10: La recivilización de los hombres por las mujeres" class="translation-link" xml:lang="es">Español</a></li> </ul> Fri, 30 Nov 2012 00:00:01 +0000 Olivier De Schutter 10090 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/fr/blogs/la-recivilisation-des-hommes#comments Day 10: The Recivilization of Men by Women http://l.blogs.oxfam/fr/node/10089 <div class="field field-name-body"><p><strong><em>The agrarian transition to an input-intensive, capitalized form of agriculture is deeply gendered. Food security depends on combating overt discrimination against women, but this shall only be viable if combined with a redistribution of roles in the household.</em></strong></p> <p>By <a href="http://blogs.oxfam.org/en/user/profile/olivier-de-schutter"><strong>Olivier De Schutter</strong></a>, UN Special Rapporteur on the Right to Food</p> <p>The agrarian transition is a complex process characterized by an accelerated switch to an input-intensive, capitalized form of agriculture and a growing importance of global value chains and of export-led agriculture. It results in increased land concentration, massive rural-to-urban migration, and the depopulation of rural areas.</p> <h3><em> "The agrarian transition to an input-intensive, capitalized form of agriculture is deeply gendered.</em>"</h3> <p><strong>This transition is deeply gendered.</strong> First, the general trend has been for men to migrate first, for longer periods and to destinations farther away. There are exceptions to this pattern. In Sri Lanka and in the Philippines for instance, female migrants formed respectively three quarters and over half of outgoing migrants in recent years -- often to become domestic workers or sex workers, or to work in the garment industry in a heavily segmented employment market. In general however, it is the men rather than the women who are likely to abandon agricultural work at home and seek income in other sectors, in part because of social norms concerning gender roles, and in part because of the higher levels of education, on average, of men, that allow them to seek off-farm employment.</p> <h3>"<em>Men are likely to abandon agricultural work at home and leave women behind to carry the full burdens of agricultural production"</em></h3> <p>Women then are then left behind to carry the full burdens of agricultural production. They may be supported in this regard by the receipt of remittances, which can serve to buy inputs or hire labour for the performance of the heavier tasks, such as land preparation, that are not generally seen as suitable for women: this appears to be quite common in South East Asia, where the productivity of land could be maintained in part thanks to such remittances.</p> <p>But women often have little legal protection or rights to property ownership, and they face cultural and social norms that are obstacles to their ability to improve productivity. In addition, they may find it difficult to reconcile their role as small-scale food producers with their responsibilities in the "care" economy, an obstacle male agricultural producers do not face. These responsibilities reduce the mobility of women, which affects their ability to market their produce; and they result in time poverty for women and a shortage of labour on the land.</p> <p>Against this background, concerns have been expressed about the impact the feminization of agriculture may have on local food security, if, due to the obstacles they face, women are less productive than men. In 2010, the <a href="http://www.fao.org/index_en.htm" rel="nofollow"><strong>Food and Agriculture Organization of the United Nations</strong></a> (FAO) famously <a href="http://www.fao.org/publications/sofa/en/" rel="nofollow"><strong>concluded</strong></a> that "if women had the same access to productive resources as men, they could increase yields on their farms by 20–30 percent. This could raise total agricultural output in developing countries by 2.5–4 percent, which could in turn reduce the number of hungry people in the world by 12–17 percent.</p> <h3><em>"Women may find it difficult to reconcile their role as small-scale food producers with their responsibilities in the "care" economy.</em>"</h3> <p>Whatever the validity of this calculation, the reality is that food security today depends, more even than in the past, on combating discrimination against women, in order to allow women and female-headed farming households to produce under better conditions.</p> <p>The agrarian transition is also gendered in a second way. An increasing proportion of women have taken up waged employment on large farms, in many cases replacing men who have moved to non-agricultural employment. The growth in the proportion of women employed as agricultural workers occurs at a time when non-traditional agricultural exports are rising, especially horticultural products. New jobs are created in cut flowers and in vegetable growing and packing: these are "high-value" products, because they require special handling or some processing, which adds substantive value beyond the farmgate.</p> <p>For employers, recruiting women into these relatively labor-intensive types of production presents a number of advantages. Women are considered more docile than men, and more reliable. The nature of the tasks in the emerging export sectors -- fruits and vegetables in particular -- are generally physically less demanding and do not require the use of heavy machinery, and are therefore seen as suitable for women. The wages of women are generally lower than those of men, which employers sometimes justify by the consideration that they are not, typically, the main wage-earners within the family; for the same reason, women are considered a highly flexible workforce, which can be hired on a weekly or seasonal basis.</p> <p>There occurs what might be called an "internal segmentation" in most high-value agriculture. On these farms, one relatively stable and qualified segment of the workforce coexists with another segment, made up of unskilled workers, often recruited at certain points in the year only, and often as casual workers, without a formal contract of employment.</p> <h3><em>"Food security today depends, more even than in the past, on combating discrimination against women."</em></h3> <p>The pressure to maintain such a dualized system, even as technological advances have made production less dependent on seasonality, can be explained as the result of globalization and the need to "rationalize" (i.e. make more profitable) workforce management. That also explains why jobs in the "periphery" part of the workforce are classified as seasonal or temporary, even when they may in fact be continuous. Typically, women are disproportionately over-represented in this "periphery" segment, rather than in the "core" segment of permanently employed workers.</p> <p>Women's rights must be given a central place in the agrarian transition if it is to be reconciled with rural development and the reduction of rural poverty. As independent, small-scale producers on family farms, women must have recognized access to land and other productive inputs. They must be supported by extension services which provide gender-aware advice and whose personnel better represents women. And they must be encouraged to organize themselves into cooperatives that allow them not only to produce better by achieving certain economies of scale, but also to have access to group insurance mechanisms and financial services, and to have a political voice.</p> <p>As waged agricultural workers, women on farms must be protected from the various forms of discrimination they currently are subjected to. Such discrimination takes a variety of forms, including an over-representation of women working under temporary contracts or hired without any formal contract; a failure to provide women with protective gear against pesticides; a refusal by employers to hire women who are pregnant, leading seasonal pregnant workers to sometimes hide their pregnancy in order to maintain their access to incomes; and an exposure of women to domestic violence because they cannot move away from the plantation.</p> <p>Setting wages on a piece-work basis (by volume or by surface area), generally disfavours women, since the pay is calculated on the basis of male productivity standards. One consequence of this system is that it encourages women, to have their children work with them as "helpers," in order to perform the task faster: this is one of the reasons why so many children are employed in agriculture.</p> <h3><em>"The fundamental question is how the increased role of women in agriculture shall be reconciled with their role in the "care" economy."</em></h3> <p>However, the feminization of agriculture raises questions that go beyond the discrete forms of discrimination they are subjected to and that human rights must guard against. The fundamental question is how the increased role of women in agriculture shall be reconciled with their role in the "care" economy (the minding and education of children, or the care of the elderly and the sick), as well as with the household chores for which, in all regions, they remain chiefly responsible -- the purchasing and preparation of food, laundry, or collection of firewood or water.</p> <p>This is work that is essential not only to the health and nutrition of family members, but also to the maintenance of the agricultural workforce. Yet it is work that is unremunerated, unrecognized, and largely invisible, because it is work done by women.</p> <p>It is important to invest in services and infrastructure that reduce the burden this represents for women -- for example, by childcare services in rural areas or by water pipes linking villages to water sources. As we think of how to support rural development, we must recognize the importance of this "care" economy as a vital adjuvant to the "market" economy -- and we must, for instance, adapt how extension workers provide advice or how employment on farms is organized, to fit the responsibilities women assume within the household.</p> <h3>  <em>"</em><em>What is required is the recivilizing of men by women."</em></h3> <p>But the reduction of household chores and recognition of them will not be sufficient. We also must redistribute roles within the household: we need to ensure that men, too, contribute their part to the "care" economy, and that the gendered division of roles is destabilized and transformed. The feminization of agriculture shall only be viable if it is combined with such a redefinition of responsibilities. Rather than men remaining exclusively focused on income generating activities while leaving to women to perform all the unremunerated tasks that are essential to the market itself, we need to rebalance the respective contributions of both. What is required is the recivilizing of men by women.</p> <p>Download: <a href="http://blogs.oxfam.org/sites/blogs.oxfam.org/files/Olivier-De-Schutter_Oxfam-online-discussion.pdf"><strong>The Recivilization of Men by Women</strong></a></p></div><div class="field field-name-title"><h2>Day 10: The Recivilization of Men by Women</h2></div><ul class="links inline"><li class="translation_fr first"><a href="http://l.blogs.oxfam/fr/blogs/la-recivilisation-des-hommes" title="Jour 10: La recivilisation des hommes par les femmes" class="translation-link" xml:lang="fr">Français</a></li> <li class="translation_es last"><a href="http://l.blogs.oxfam/es/blogs/la-recivilizacion-de-los-hombres" title="Día 10: La recivilización de los hombres por las mujeres" class="translation-link" xml:lang="es">Español</a></li> </ul> Fri, 30 Nov 2012 00:00:01 +0000 Olivier De Schutter 10089 at http://l.blogs.oxfam http://l.blogs.oxfam/fr/node/10089#comments